Historia y biografías

    ¿Qué es la historia?

    La palabra historia viene del vocablo latín historĭa, y este a su vez viene del griego, ἱστορία, que significa historia, cuento, relato. 

    Cuando hablamos de la historia nos estamos refiriendo a la narración y exposición de los acontecimientos pasados y dignos de memoria, sean públicos o privados, pero también a la disciplina que estudia y narra estos sucesos.

    Sin embargo la palabra ‘historia’ aparece en el diccionario de la RAE bajo otras acepciones, como por ejemplo: 

    1. Obra histórica compuesta por un escritor. 
    2. Conjunto de los sucesos o hechos políticos, sociales, económicos, culturales, etc., de un pueblo o de una nación.
    3. Conjunto de los acontecimientos ocurridos a alguien a lo largo de su vida o en un período de ella.
    4. Relación de cualquier aventura o suceso. ‘He aquí la historia de este negocio.’ 
    5. Narración inventada.
    6. Mentira o pretexto. 
    7. Coloquialmente: Cuento, chisme, enredo.
    8. Pintura: Cuadro o tapiz que representa un caso histórico o fabuloso.

    ~ clínica. f. Relación de los datos con significación médica referentes a un enfermo, al tratamiento a que se le somete y a la evolución de su enfermedad.

    ~ natural. f. Ciencia que estudia los tres reinos de la naturaleza, el animal, el vegetal y el mineral.

    ~ sacra, o ~ sagrada. f. Conjunto de narraciones históricas contenidas en el Antiguo y el Nuevo Testamento.

    ~ universal. f. La de todos los tiempos y pueblos del mundo. 

    Por su puesto, la historia universal es algo que nos atañe a todos como seres humanos, por lo cual es algo que deseamos incluir en esta página. Así mismo la cuarta acepción nos parece imprescindible para cualquiera que desee tener un mayor y mejor conocimiento de la historia.

    Sin embargo, es fácil observar que esta página, en permanente evolución, ha dado prioridad a comenzar a contar la historia teniendo muy presente la quinta acepción. En ella se refieren a la historia como los acontecimientos ocurridos a alguien a lo largo de su vida. 

    La historia de las personas: biografías

    A nosotros nos gusta más pensar que no son los acontecimientos los que ocurren en las vidas de las personas, sino que son las vidas de las personas las que definen y marcan acontecimientos muchas veces decisivos para el devenir de la historia. Las biografías de esas personas que de un modo u otro han logrado que la historia del mundo, de la sociedad, de su época, de su pueblo… no importa en qué medida ni cómo, cambiara, son importantes. 

    A menudo la historia de una persona que por su acción durante su trayectoria vital logra cierta relevancia, cambios, por minúsculos que nos puedan parecer a día de hoy, estos pueden haber provocado grandes cambios en la historia.

    Las personas en el centro de la historia

    Poner el foco de atención en las biografías de personas, más o menos importantes a lo largo de la historia ha sido el inicio de un proyecto que no piensa detener aquí. La historia comprende mucho más que esto y somos conscientes de ello. Aún así queríamos dejar constancia de que entendemos la historia como algo humano. 

    La historia comienza justo en el momento en que los seres humanos comienzan a contarla. La importancia de la historia radica precisamente en eso, en la sabiduría que adquirimos, o deberíamos adquirir con su estudio y aprendizaje. Su finalidad última debería ser la de no repetir los errores que cometió la humanidad en el pasado. En ese sentido, la historia debería tratarse de la forma más parecida posible a una ciencia, libre de cualquier ideología y prejuicio, y aportando datos y pruebas contrastadas. 

    Investigar la historia

    Desde aquí animamos al lector o lectora de esta web a que no se quede nunca con una sola versión de los hechos, ni siquiera aquellos que pueda leer en esta página. A pesar de que trabajamos incansablemente para traer la mejor información de calidad sobre la historia, nada es tan satisfactorio ni aporta tanta seguridad a la hora de defender un argumento, como aquello que ha podido comprobar por sí mismo. 

    Quienes amamos la historia debemos estar dispuestos a comprender que muchas veces no todo lo que nos contaron fue exactamente así, que existen muchas versiones de una misma historia, y aún más interpretaciones de cada una de esas versiones. Y no pasa nada por tratar de conocerlas todas antes de formarnos una opinión.

    La historia es un puzzle muy complejo, unas veces no tenemos todas las piezas y muy a menudo las que tenemos no encajan, por eso hay que divertirse mientras lo hacemos, asumiendo que no siempre vamos a verlo terminado.

    División de la Historia

    Desde el punto de vista temporal y previa abstracción de las particularidades localistas de los hechos, la historia general de la Humanidad se suele desglosar en fragmentos que atienden a aspectos objetivos. 

    El más sencillo de ellos es el que separa la Historia de la Prehistoria, diferenciadas ambas por la utilización de la escritura (primer período) o útiles líticos como testimonio de los hechos. 

    Dentro del período que tradicionalmente se conoce como Historia se hace una nueva división en "edades" calificada cada una de ellas por un simple criterio de localización en el tiempo. Con fines pedagógicos, se subdividió el período histórico en cuatro edades: Antigua, Media, Moderna y Contemporánea. 

    La historia de la Edad Antigua 

    Comprende las civilizaciones de los pueblos antiguos más conocidos del Occidente (Egipto, Caldea, China, India, Fenicia, Persia, Grecia y Roma) y se extendió hasta la caída del Imperio romano de Occidente 476. 

    La historia de la Edad Media 

    Se extiende desde esta fecha hasta la toma de Constantinopla por los turcos en 1453, y comprende las Cruzadas, el feudalismo y el principio de las naciones. 

    La historia de la Edad Moderna 

    Alcanza desde el establecimiento de los turcos en la Europa oriental hasta el inicio de la Revolución francesa en el año 1789, y comprende la invención de la imprenta, los grandes descubrimientos geográficos, el Renacimiento, la Reforma Protestante y la Católica, las consiguientes guerras de religión y las motivadas por rivalidades dinásticas, la poderosa reacción contra la intolerancia y el absolutismo, y la gran Revolución que tan hondamente transformó el régimen social.

    La historia de la Edad Contemporánea

    Empieza con la Revolución francesa y continúa hasta nuestros días con las guerras napoleónicas, la Restauración, el desarrollo de las nacionalidades, las exploraciones geográficas en África y Asia, las rivalidades políticas y comerciales de las grandes potencias, y las grandes conflagraciones que fueron su consecuencia.

    Un apunte sobre las divisiones de la Historia

    Estas divisiones de la historia, a pesar de haber sido tachadas de eurocentristas, se siguen utilizando en la mayor parte de manuales y libros de historia, por lo que de momento, y a falta de un mayor consenso en cuanto a un mejor modo de dividir los periodos históricos, hemos decidido no ser nosotros quienes cambiemos el formato. No es nuestra misión, lo que no implica que estemos a favor o en contra de esta división. 

    La ciencia histórica en la Antigüedad

    La Historia, en su forma más elemental, es tan antigua como las más primitivas comunidades humanas. Antes de la aparición de la escritura los acontecimientos del grupo se transmitían oralmente de generación en generación, así perduraba en la memoria de los nuevos individuos el pasado de sus predecesores. 

    Todavía hay tribus que mantienen su tradición histórica oral remontándose los acontecimientos narrados, en algunas de ellas, a más de seiscientos años. La aparición de la escritura en las civilizaciones del Próximo Oriente durante el III milenio a.C. marca el más primitivo origen de la Historia. 

    Las sencillas listas de reyes grabadas en tablillas de cerámica o en bloques de piedra hace miles de años que reflejan la sucesión genealógica de los monarcas reinantes, constituyen las crónicas más primitivas; el documento histórico más antiguo datado es la Piedra de Palermo (2500 a.C.) en el que se anotan los faraones egipcios reinantes y las fechas de su reinado en relación con los desbordamientos del Nilo. 

    Tales documentos se van enriqueciendo con datos relativos a sus hazañas militares, el cobro de tributos, la relación con otros reinos, formas de gobierno, etc. Los libros bíblicos referentes a los reyes de Israel, escritos en el siglo VII a.C. y los paralipómenos, compilados tres siglos después, son los ejemplos más notables de escritos de la Antigüedad que se acercan al concepto que hoy tenemos de Historia. 

    Los griegos y romanos, apartándose de un limitado marco localista, aportaron al conocimiento histórico la narración analítica y no sólo descriptiva de los aspectos sociales de los territorios que dominaron, ampliando así el marco a una visión más universalista de los acontecimientos; pese a ello no se les puede considerar como los creadores de la Historia como ciencia social.

    Entre los historiadores helenos hay que citar a Herodoto de Halicarnaso (484-425) llamado por Cicerón "padre de la Historia", narra en su obra capital Histories apodeixis el conflicto entre los helenos y los bárbaros; considera al proceso histórico predeterminado por la voluntad divina; Tucídides (460-396), el creador de la narración histórica objetiva, concibe su Historia de la Guerra del Peloponeso como una enseñanza para la praxis (Historia pragmática): los acontecimientos humanos no vienen determinados por los dioses, son producto de los factores políticos y éticos modificables.

    Jenofonte (430-354) compone la Anábasis donde narra las campañas de Ciro y la retirada de los griegos al servicio del rey persa, es además autor de Las Helénicas. Entre los historiadores latinos la figura más importante es Tito Livio (59 a.C.- 17 d.C.), el más grande historiador romano, que en sus 142 libros reconstruye la Historia de Roma, explicando su decurso como consecuencia de la "virtus romana" y la protección de los dioses. 

    Tácito (55-117) es un gran maestro en la expresión condensada y en el análisis de las acciones humanas. Salustio (Guerra de Yugurta y Las catilinarias) y Suetonio (Vida de los doce césares) completan con sus obras la Historiografía romana. 

    La difusión del cristianismo implicó la aceptación del relato histórico como base de la formación de los nuevos creyentes a través del Antiguo y Nuevo Testamento. El historiador cristiano se limitó a componer obras fundamentadas en las Sagradas Escrituras a las que unió las listas de los gobernantes romanos y los papas de la Iglesia.

    La ciencia histórica medieval

    Esta situación se mantuvo durante la Edad Media: a través de la Cosmología transcrita por San Jerónimo de la obra de Eusebio de Cesarea, sirvió de modelo a casi todos los intentos de hacer una historia general. En el caso español fue la obra de San Isidoro, el Cronicón, o la General e grand estoria, escrita por Alfonso X el Sabio, las que nos muestran una Historia a modo de crónica sucinta a los hechos, únicamente complementada con los añadidos de antiguos poemas; por el contrario, en el estado islámico de Al-Andalus el historiador Ibn Jaldun trata de investigar las causas que han motivado el nacimiento y desaparición de los grandes imperios.

    La ciencia histórica en el Renacimiento

    La vuelta al mundo grecorromano que se produce durante el Renacimiento transfiere a la historiografía los mismos valores que caracterizan al resto de saberes y artes de los siglos XV y XVI. 

    En el campo de la Historia hay un claro proceso de secularización, desligándola de la teología y volviendo a plantearse el análisis de las causas que intervienen en la evolución de las sociedades. 

    Otros factores influyeron grandemente en la ciencia histórica: el descubrimiento del Nuevo Mundo y la invención de la imprenta. 

    En el primer caso los nuevos horizontes amplían la visión cosmológica del ser humano, y la facilidad en la impresión del papel escrito mejoró las condiciones en la investigación y difusión de los saberes históricos. 

    La Reforma Protestante, aunque informada de parecido espíritu, dio origen a la aparición de diversas corrientes que adjudicaban mayor o menor intervención a los principios morales, a la religión y a las leyes divinas en la interpretación de la Historia. 

    De este momento son Jean Bodin (1530-1596) que publica su Método para llegar fácilmente al conocimiento de la Historia y el francés Bossuet que escribe, en 1681, un Discurso sobre la Historia Universal en el que acepta íntegramente el método providencialista de San Agustín, aunque admite la existencia de otras causas secundarias. 

    En España, en el siglo XIV había destacado el canciller Pedro López de Ayala con sus Crónicas sobre el reinado de Juan I de Castilla, y ya en pleno Renacimiento sobresale el mayor historiógrafo español, el Padre Mariana (1534-1624) que escribió la Historiae de Rebus Hispaniae Libri XXX, la más completa de las historias medievales de la Península Ibérica. 

    La ciencia histórica científica

    Si durante el Renacimiento la Historia se había desprendido de las adherencias medievales y había adquirido una método crítico en el siglo XVII, será en el transcurso del XVIII cuando la Historia dé los primeros pasos como una ciencia social. 

    Gran influencia ejercieron los pensadores ilustrados franceses, especialmente Montesquieu, que con su obra L'Esprit des Lois define las leyes como las principales causas determinantes del curso de la Historia, y señala que la misión del historiador es descubrir e interpretar el efecto de las leyes en los fenómenos físicos y sociales. 

    Uno de los puntos de arranque de toda la ciencia histórica moderna debe buscarse en las obras de G. Vico en las que se plantea, por vez primera, el nacimiento, progreso, decadencia y fin de las naciones, intentando encontrar las leyes que regían tal proceso. 

    Para los estudiosos de la filosofía estas causas generales había que buscarlas en las costumbres y en las instituciones políticas y jurídicas de un estado, y las diferencias entre unos países y otros venía determinado por los caracteres del medio físico (fertilidad de la tierra, variaciones climáticas, etc.) que influyen más activamente que los valores de los grandes personajes de la Historia, concluyendo que no podían estudiarse separadamente la historia de la economía. 

    Materialismo histórico marxista

    A mediados del siglo XIX Karl Marx intenta, en conjunción con Friedrich Engels, encontrar una explicación racional a los hechos jurídicos y políticos trabajando sistemáticamente en el estudio de la economía considerada como fuente que unifica y organiza las llamadas "ciencias sociales", pero tomada, no como una explicación mecanicista de los hechos históricos a partir de unos fenómenos puramente económicos, sino que sirve para explicar la forma en que las circunstancias materiales condicionan el desarrollo de las sociedades humanas en sus manifestaciones sociales, políticas e históricas. 

    Pese a que Marx y Engels intentaron combatir los esquematismos economicistas, no es raro ver como la concepción materialista de la Historia conduce a determinismos económicos que, en principio, nada tiene que ver con las concepciones de sus creadores.

    El historicismo positivo

    Simultáneamente al desarrollo de las teorías materialistas, surge una corriente de investigación positivista que condujo a un desarrollo de la erudición y la crítica. 

    El historiador, según las tendencias críticopositivistas, debe ocuparse de explicar los hechos tal y como ocurren, de tal forma que el hecho concreto debe ser el objeto verdadero del estudio del investigador. 

    A principios del siglo XX la corriente historicista cayó en desuso y en su desprestigio arrastró a la propia ciencia histórica a la que se le negó la posibilidad de que la investigación científica pudiera aplicarse al campo de la Historia. 

    Esta reacción contra el historicismo surgió de los más diversos campos y tuvo representantes tan valiosos como Schopenhauer y Nietzsche, o, más recientes, como Diltehey y Spengler, sin olvidar a B. Russel (neopositivista) ni a los más modernos seguidores del "estructuralismo" (Claude Levi-Strauss). 

    Estos últimos postulan el uso en las ciencias sociales de los mismos métodos que se usan en la ciencias físicas y naturales, y plantean como objeto de análisis la contraposición de los factores diacrónicos y sincrónicos, es decir, la oposición entre estructuras estáticas que pueden ser objeto de estudio científico y las estructuras dinámicas en las que se organiza la evolución histórica y es susceptible de examinarse con métodos empíricos. Las tendencias actuales de la historiografía tienden a una posición integradora de todos los factores que postula una "historia total".

    ¿Qué es una Biografía?

    Las biografías consisten en contar historias de las vidas de personas concretas. Una biografía es la Historia de la vida de una persona. 

    Aunque cualquier persona puede tener y escribir su propia biografía, normalmente las biografías que suscitan interés son las que aquellas personas que, por algún motivo, son conocidas por un amplio número de personas.

    Las biografías pretenden recrear mediante la palabra la vida de un ser humano que ha logrado un cierto grado de notoriedad. Se atribuye la creación de la palabra biografía al abad Claudio Chastelain, autor del Martirologio universal (1709), aunque como forma literaria, la biografía es una de las más antiguas. 

    El relato de la vida de héroes fue cultivado ya por pueblos primitivos que transmitían por vía oral los hechos más significativos de un personaje. Las fábulas y mitos que contaban el origen y el destino de los pueblos se entremezclaban con las vidas de sus protagonistas tales como el semidiós de Babilonia, Gilgamesh, y el astuto Ulises de Grecia. 

    Entre la literatura y la historia 

    En muchas ocasiones se ha considerado la biografía una rama de la historia más que de la literatura. Crónicas, textos religiosos, historias escritas en la Antigüedad incluyen fragmentos biográficos. 

    Ssu-ma-Ch'ien completó en el año 91 a. C. su monumental historia dinástica de China que contiene biografías de hombres de estado, soldados, cortesanos y asesinos de fama. La Biblia contiene la narración de muchas vidas y genealogías: Moisés, David, Salomón, Jesucristo. En Egipto se encuentran numerosas muestras esculpidas en las paredes de las mastabas. 

    Pero, como género literario, la biografía se forma en Grecia y Roma por influencia de la escuela aristotélica con obras que buscan, no tanto el dibujo de un personaje como la exposición de una gesta: Ciropedia de Jenofonte, la Vida de los grandes capitanes de Cornelio Nepote, Agrícola de Tácito.  

    En la actualidad, biografía e historia están suficientemente diferenciadas. La historia se refiere a un cierto periodo de tiempo, la gente, los gobernantes o las instituciones. La biografía se centra en una sola persona y en los hechos particulares de su vida. Ambas, biografía e historia se ocupan del pasado, ambas buscan documentos escritos, visuales u orales que sustenten su investigación. 

    Las técnicas de investigación y las reglas para probar una aseveración son semejantes a las de todas las ciencias humanísticas. En este sentido, la biografía podría considerarse no un arte literario sino un relato histórico.  

    Dentro de los límites cronológicos propuestos, el biógrafo debe transformar la mera información en un relato de interés. En su faceta literaria, ha de seleccionar los sucesos narrados y ser capaz de extraer de toda la información obtenida, la ilusión del desarrollo de una vida verdadera. En cuanto a su faceta histórica, el relato biográfico ha de ser cierto y limitarse a narrar hechos probados: le está vedada la invención y no puede suprimir material fundamental. 

    Un biógrafo que se enfrenta a recomponer la vida de un personaje muerto hace muchos años, carece en general de todos los datos que desearía. No hay testigos con los que confirmar los documentos y ha de cuidar el no dar rienda suelta a la inventiva y la especulación. Sin embargo, algunos biógrafos han superado las dificultades ofreciendo la información suficiente para crear la sensación del desarrollo de una vida.  Otra de las dificultades radica en la falta de fidelidad al original en las ediciones de cartas, papeles y demás documentos anteriores al siglo XIX. 

    El biógrafo que escribe la vida de un personaje muerto recientemente o aún vivo sufre el problema contrario: el exceso de fuentes de la más diversa índole. Cartas, conversaciones telefónicas grabadas, entrevistas con el propio biografiado, testigos, amigos y enemigos del personaje dan una visión sesgada que el autor ha de ser capaz de filtrar para recoger los hechos de la manera más objetiva posible. 

    La acumulación de fechas y sucesos no constituye una biografía sino apenas un esquema de los hechos ocurridos. El biógrafo ha de extraer de sus materiales las circunstancias que rodearon a su personajes, sus motivaciones y, finalmente, su personalidad. En este sentido, los biógrafos del siglo XX han tenido a su disposición las teorías psicológicas de Sigmund Freud y sus seguidores. 

    Esta nueva herramienta de trabajo permite interpretar los recuerdos de la infancia para explicar las acciones de la madurez. Las biografías del siglo XX dan una gran importancia al carácter. 

    Cuando el autor ha conocido en vida al protagonista de su trabajo, éste se enriquece con la experiencia de sus conversaciones, opiniones y puntos de vista.  Pero, a su vez, se corre el peligro de implicarse emocionalmente, encariñarse con el personaje y tomar postura a su favor. 

    El biógrafo de un contemporáneo se enfrenta siempre a un problema ético: ¿hasta qué punto los datos obtenidos de su investigación deben hacerse públicos? 

    Sin embargo, y a pesar de la diferenciación entre la biografía y la historia, es indudable que conocer las vidas de los grandes hombres y mujeres que vivieron en los distintos momentos y en los distintos lugares durante la historia de la humanidad nos ayuda a comprender mejor cada momento histórico y a completar con más acierto esa parte de ese gran puzzle histórico que estamos confeccionando. 

    Clasificación de las biografías 

    A grandes rasgos podemos distinguir dos tipos de biografías: las que se basan en el conocimiento personal del biografiado y las que se fundamentan en la investigación. 

    Biografía personal 

    La biografía es el resultado de una experiencia vital del autor y su personaje. Con frecuencia en este caso, es el deseo de preservar los hechos para la posteridad el motivo de emprender la biografía. 

    Como testigo de excepción, el autor se siente especialmente cualificado para hacerse cargo de esa tarea. Este tipo de biografía se encuentra en todas las culturas y en todos los tiempos. 

    Sus primeras manifestaciones están ligadas a la experiencia religiosa: fragmentos biográficos sobre Buda, relatos del Antiguo Testamento, Los Evangelios. Estos textos se preservan cuidadosamente y sin cambios. 

    Las biografías basadas en el trato personal han producido obras maestras del calibre del relato de Tácito sobre la vida de su suegro en el Agrícola, la Vida de Tomás Moro (1626) escrita por su yerno William Roper, la Biografía de Sir Walter Scott (1837-38) llevada a cabo también por su yerno, Jonh Gibson Lockhart o la Vida de Samuel Johnson escrita por James Boswell.  

    Biografía de investigación 

    Hay una mayor variedad entre las biografías producto del estudio y la investigación del autor. Las subdivisiones que ofrecemos tienen un carácter arbitrario y pocas biografías pertenecen a un tipo con exclusividad. 

    Colecciones 

    Se han popularizado a partir del siglo XVIII en el mundo Occidental aunque se conservan algunos ejemplos del siglo XV. La primera  colección de biografías de la Edad Moderna fue la de Suecia escrita por Palmblad, Biographiskt lexikon äfver svenska män (1835-57) y pocos años después le imitaron otros países europeos destacando la alemana, Allgemeine Deutsche Biographie y la francesa, Nouvelle Biographie Générale.  

    A lo largo del siglo XX han incrementado no sólo su número sino el área de difusión. Son colecciones de vidas que carecen de hondura y se limitan a proporcionar los datos básicos de un personaje. 

    Algunas naciones poseen estos diccionarios biográficos como Dictionary of National Biography en Gran Bretaña, o su equivalente americano Dictionary of American Biography.  Existen diccionarios biográficos de un tema específico: de escritores de un país o una época determinada, de científicos, de reinas, de gobernantes... También los personajes vivos encuentran su lugar en publicaciones como Who's Who? (Gran Bretaña), Chi é? (Italia) y Who's Who in America?.

      

    Relatos cortos 

    Las obras de Plutarco y Suetonio establecen los parámetros por los que se van a guiar las galerías de personajes ilustres durante siglos. Su influencia ha sido grande tanto en la forma como en el fondo. 

    Plutarco, Vida de nobles griegos y romanos dispone su colección de vidas en parejas, un griego y un romano, haciendo hincapié en los aspectos morales de sus personajes y sus virtudes como gobernantes. 

    Sobre la vida de los Césares (De vita Caesarum) y Sobre los hombres ilustres (De viris illustribus) de Suetonio proporciona detalles y curiosidades, trata de encontrar anécdotas relevantes para la biografía. 

    Las galerías de hombres ilustres se popularizaron en el siglo XV y XVI. Entre los ejemplos españoles destacan Generaciones y Semblanzas de Fernán Pérez de Guzmán y el Libro de los claros varones de Castilla de Hernando del Pulgar.  

    Biografía informativa 

    Es la más objetiva y la menos literaria. En ocasiones se limita a acumular datos, fechas y hechos. El autor proporciona los resultados de su investigación sin aportar ninguna interpretación. Se suceden cronológicamente la presentación de eventos ocurridos. Es una biografía sin riesgos que, no obstante, puede ser de gran utilidad como fuente para biógrafos posteriores.

      

    Biografía crítica 

    Presenta el transcurrir de una vida. El autor documenta en una amplia bibliografía, notas a pie de página o apéndices todas sus evidencias. La vida se desarrolla en orden cronológico y no se permite la interferencia de hechos ficticios en ninguna medida. 

    Son trabajos de especialistas académicos en los que la información es densa.  La biografía de Johan Huizinga en torno a la figura de Erasmo, la de Ian Gibson sobre Federico García Lorca o el trabajo de Jean Caravaggio sobre Cervantes, son ejemplos de la biografía académica. 

    Biografía standard 

    Intenta ser un punto medio entre lo objetivo y lo subjetivo, entre la aportación de datos y la creación artística. Sin llegar a la distorsión de los hechos, pretende hacer uso de los métodos literarios.  

    Biografía interpretativa 

    La subjetividad del autor entra en juego. En sus primeros trabajos, Catherine Drinker Bowen modela sus fuentes en forma novelesca introduciendo diálogos, lectura de cartas o diarios que proporcionan la excusa necesaria. 

    No inventa materiales sino que los transforma a fin de dotar de vida a su personaje como en la vida de Tchaikovsky titulada Beloved Friend (1973) y la de Oliver Wendell Holmes Yankee from Olympus (1944). 

    Biografía ficticia 

    No son auténticas biografías en cuanto que no respetan la verdad. Se inventan diálogos, escenas y conversaciones. El autor suele recurrir a fuentes secundarias para documentar su personaje y el nivel literario tampoco suele ser muy elevado. 

    Épocas de la biografía 

    Biografías en La Antigüedad 

    Las primeras biografías  fueron escritas por los griegos. Jenofonte (430-354 a. C.) pretende mostrar al gobernante ideal y cómo debía ser educado. Su Ciropedia (La educación de Ciro) contiene interesantes datos biográficos junto con gran cantidad de elementos fantásticos.

    Cornelio Nepote es el más antiguo biógrafo latino que conocemos y, junto con Varrón, Santra e Higino, es citado por Suetonio como fundador de la biografía latina. Tanto Varrón como Nepote escribieron colecciones de retratos de hombres famosos de diversas naciones. La intención de Nepote es proporcionar el material necesario para comparar a los hombres eminentes de Roma con los de otros lugares. Nepote escribió además una larga biografía de Cicerón y contribuyó a la publicación de sus cartas. 

    La obra de Plutarco y Suetonio es cercana en el tiempo pero no en su intención ni en su forma. El griego Plutarco, sacerdote de Apolo, enjuicia las vidas de sus personajes. Emplea la biografía como medio para moralizar y exponer su ideario político. Su Vida de nobles griegos y romanos, también conocida como Vidas paralelas, fue la base que empleó Shakespeare como fuente de sus obras Antonio y Cleopatra, Coriolano, Julio César y Timón de Atenas. Plutarco dispone el material de una manera original. Le gustan las anécdotas que le sirven para ilustrar el carácter de su personaje. 

    El romano Suetonio señala esquemáticamente los datos esenciales del personaje: nacimiento, carrera, hazañas, aspecto y muerte.  Le gusta el escándalo y relata con todo detalle los vicios sexuales de sus protagonistas. Presenta rumores y hechos probados, citas extensas. De vita Caesarum (Sobre la vida de los Césares) y De viris illustribus (Sobre los hombres ilustres) son las dos colecciones de biografías escritas por Suetonio. En ellas triunfa la biografía de tipo alejandrino, erudita y anecdótica. No pretende entretener y por eso no dramatiza su material sino que lo expone sin seleccionar, añadir o suprimir. 

    La obra de San Jerónimo, Liber de viris illustribus fue el origen de muchas compilaciones de biografías edificantes. Las compilaciones de biografías escritas por San Isidoro continúan la tradición de San Jerónimo.   

    Edad Media 

    La Edad Media produjo una gran variedad de literatura biográfica especialmente de santos y héroes. El concepto de la individualidad es tenue y en ocasiones los relatos resultan un tanto estereotipados. 

    Excepcionalmente conservamos las vidas de algunos trovadores provenzales cuyas esquemáticas vidas se conservan insertas en los cancioneros provenzales de los siglos XIII y XIV.  Cabe dudar de su absoluta veracidad como documento histórico ya que incluyen datos que parecen fantásticos y legendarios. Suelen encabezar una antología de las obras poéticas de un trovador e informan sobre la personalidad del autor, su nacimiento y familia, sus viajes, las cortes que visitó, las damas a las que celebró y, en ocasiones, un somero juicio sobre el valor de su obra. 

    Las vidas de santos y mártires se difunden por toda Europa en obras como la Legenda Aurea de Jacobo de la Vorágine y los Flos Sanctorum constituyendo un género en sí mismo. 

    Las vidas son un modelo para el buen cristiano y resultan atractivos por lo insólito y fantástico de los milagros. Desde el siglo VIII al XI se escribieron muchas vidas de santos en latín que servirían de base a las traducciones en lenguas vernáculas a partir del siglo XIII.  

    A finales del siglo XI, Grimaldo redactó en latín la vida de Santo Domingo de Silos de la que se valió Gonzalo de Berceo en el siglo XIII para su narración en cuaderna vía. Además Berceo tradujo del latín y adaptó otros textos hagiográficos latinos como la Vida de San Millán sobre San Emiliano, un monje del siglo VI y la Vida de Santa Oria que relata la vida de una emparedada, Santa Aurea. 

    Bajo la tutela de Alfonso X se tradujeron al castellano las Vidas de los Apóstoles e de los mártires e de los confesores e vírgenes.  Las colecciones de vidas de santos gozaban de gran éxito como lectura edificante. 

    La vida de San Ildefonso fue escrita por el Beneficiado de Úbeda. San Ildefonso es uno de tantos santos guerreros, como Santiago Matamoros y San Millán, que bajaban desde el cielo para luchar contra los árabes. 

    Cabe mencionar las muchas traducciones al catalán, al castellano, al francés y otras lenguas vernáculas de la vida de María Magdalena, de santa María Egipciaca, de San Amaro, de San Patricio y su viaje al Infierno, de colecciones de vidas como el Libro e legenda que fala de todos los feitos e paix›es dos santos mártires en portugués, Vides de sants rossellonenses en catalán.

    Junto con los santos, fueron los héroes los primeros inspiradores de biografías. La Historia Roderici, redactada en torno a 1115, ofrece el arquetipo básico al que se ajustarán las figuras de los reyes convertidos en protagonistas. Eginardo convierte a Carlomagno (c. 820) en su protagonista. 

    La vida de Alejandro Magno ejerció una especial fascinación en los hombres medievales y son muchos los textos que narran, en verso o en prosa, su vida sobre tendrá numerosas versiones, traducciones y adaptaciones en la Edad Media: el Alexandreis de Gautier de Châtillon, el Roman d'Alexandre y el Libro de Alexandre entre otros muchos.

    Francia inicia una corriente historiográfica interesada por una personalidad concreta. La obra de Jean de Joinville, Historia de las santas palabras y los buenos hechos del rey San Luis, se nutre de tradición de literatura hagiográfica e histórica. También se cultivó la biografía en los países de Oriente. El tamerlán de Persia escribió el Scherit-Eddin-Jesdi y el diccionario de los Ibn-Khallikan contiene la vida de ochocientos sesenta y cinco personajes árabes.

    En España, las crónicas de los siglos XIV y XV centran el interés en la parte más reciente de la historia de España y en la figura del rey o de un personaje de importancia. A finales del siglo XIV el canciller Pero López de Ayala (1332-1406) redacta, con ayuda de un equipo de trabajo y familiares, las historias de los reyes castellanos Pedro I, Enrique II, Juan I y los primeros años del reinado de Enrique III. 

    López de Ayala divide los reinados por años y cada sección dispone de los capítulos necesarios para desarrollar un tema autónomo. Intenta dotar a su relato de una aparente objetividad.  Las crónicas reales se suelen encargar a los cancilleres hasta que Juan II crea el cargo de cronista oficial.  

    La más característica de las crónicas personales es el Victorial o Crónica de Pero Niño de Gutierre Díez de Games quien se declara criado de Pero Niño y testigo de sus hazañas.

    Paralelamente, en el siglo XV se desarrollan las colecciones de semblanzas en las que se retrata a personajes de categoría. Fernán Pérez de Guzmán (1379-1460) esboza en Generaciones y Semblanzas, una serie de retratos de prelados y caballeros de su tiempo en los que el aspecto físico y su categoría moral aparecen en estrecha unidad. Pérez de Guzmán sigue las normas de la descriptio personarum de las Artes medievales

    Pretende buscar lo individual de cada personaje con un lenguaje directo: el rostro feo y colorado, la nariz alta y gruesa (retrato de don García González de Herrera). Hernando del Pulgar (1430?- 1493?) escribió el Libro de los claros varones de Castilla pero, a diferencia de Pérez de Guzmán, se percibe un mayor gusto y preocupación por la ornamentación lingüística. Los juicios de Pulgar hacia sus protagonistas son más benévolos. 

    Renacimiento y Barroco 

    Con el humanismo el interés sobre el individuo y la ejemplaridad del personaje aumentan en cantidad y en calidad los escritos biográficos. Los recuerdos que Boccaccio dejó escritos sobre Dante pertenecen ya a una sensibilidad plenamente renacentista. 

    De viris illustribus (Vida de los hombres ilustres) de Petrarca y la anónima Vida de Cola de Rienzo, parte de una crónica en dialecto romanesco, son muestra de ese creciente interés por el individuo.  

    En la Italia del siglo XV Filippo Villani publica en latín sus Vidas de florentinos ilustres y Giorgio Vasari las Vidas de los pintores, escultores y arquitectos italianos más distinguidos (1550) en italiano. Los artistas y sus protectores son los modelos a seguir. Vasari describió a Rafael como dios mortal, y consideraba héroes a la familia Medici por su cultura y exquisitez.

    La historia de Ricardo III escrita por Tomás Moro (1478-1535) en latín en torno a 1513, cuenta con una versión en inglés lo que demuestra que este tipo de lecturas interesaba no sólo a los estudiosos que obviamente dominaban el latín, sino a un público cada vez más amplio. Aunque inacabada, se percibe en La historia de Ricardo III una gran influencia de lecturas clásicas. El tercer libro es un diálogo que no entra en los paramentos marcados por la estricta biografía. La muerte de Moro causa una gran conmoción entre los católicos en Inglaterra. Se le convierte en mártir del catolicismo y su vida en un ejemplo a seguir. Varios autores que trataron del cisma anglicano desde el punto de vista católico, incluyen versiones de la vida de Moro o le dedican obras completas: Nicolás Sander, Rishton, su yerno William Roper, el jesuita Pedro Ribadeneira y Fernando de Herrera.

    Las colecciones de biografías en forma de diccionarios abundan favorecidas por la difusión de la imprenta y promovidas por Gesner, La Croix du Maine, Verdier y Estienne.  Las biografías individuales proliferan en el último tercio del siglo XVI bajo los títulos de Elogio, Noticia o Vidas. En Francia Pierre Brantôme compone su Vidas de Mujeres Famosas y Vidas de Hombres Famosos

    Las biografías y autobiografías de beatas y religiosas del siglo XVII destacan por su desmesura. Relatan casos de misticismo, éxtasis, revelaciones, milagros y profecías. Proliferan las vidas de santos tanto antiguos como contemporáneos pero adornados por una exuberante retórica barroca como se percibe en el título Flores del Yermo, pasmo de Egypto, asombro del Mundo, sol de Occidente, portento de la Gracia, Vida y milagros de S. Antonio Abad escrita por el maestro Blas Antonio de Ceballos (1685).

      

    Siglo XVIII 

    La biografía de Samuel Johnson escrita por James Boswell en 1791 supone un hito en los relatos biográficos por la estrecha relación entre ambos. Boswell incluye sus conversaciones con el propio Johnson y un análisis pormenorizado de su personalidad, sus gustos y sus inquietudes. El propio Johnson se había dedicado al género biográfico y había escrito The Lives of English Poets (Vidas de los poetas ingleses). En esta colección de biografías, Johnson combina la veracidad con la crítica y la interpretación psicológica. El interés de Johnson radicaba en captar la atención del lector, y para ello consideraba que las pequeñas vicisitudes de la vida eran más eficaces que los relatos de las caídas de los imperios. En 1731, Voltaire escribe la Historia de Carlos XII.

    En España cabe destacar la vasta obra de Nicolás Antonio. En los dos tomos que constituyen su Bibliotheca Hispana Vetus y Bibliotheca Hispana Nova hace un exhaustivo repaso de todos los escritores españoles. 

    Siglo XIX  

    El Romanticismo combina el empeño historiográfico con la exaltación del individuo, los grandes héroes, los luchadores nacionalistas. La historia general empequeñece frente a las historias individuales. En palabras de Thomas Carlyle ‘La historia es la esencia de innumerables biografías.’ Opinamos lo mismo.

    La Vida de Dante escrita por C. Balbo encaja en esta categoría de exaltación de lo propio. El Romanticismo inglés produjo una abundante cantidad de autores de gran calidad como Thomas Moore Letters and Journals of Lord Byron (1830) y Elisabeth Cleghorn Gaskells sobre Life of Charlotte Bronte (1857). La Vida de Samuel Johnson, escrita por James Boswell, se convirtió en modelo para biografías posteriores. 

    Junto a Boswell, Cavendish y Prescott son los autores ingleses que más influyeron en su forma de hacer en las generaciones posteriores: Samuel Taylor Coleridge, Robert Southey (Nelson; 1813 y John Wesley; 1820), William Hazlitt, John Foster (Goldsmith; 1848 y Dickens; 1872) y  James Anthony (Erasmo; 1884).

    A medida que avanza el siglo las biografías se convierten en estudios críticos dirigidos al mundo académico. El abanico de personajes biografiados se amplía: Galileo (1872) por Riccardi; Corneille (1875) por M. Picot; Merimée (1876) por M. Torneux; Walter Scott por Lockhart; Colón por Washinton Irving.  

    En España, las biografías de escritores y filólogos son las más abundantes: Tirso de Molina por Blanca de los Ríos; Elogio del Excelentísimo Sr, Duque de Rivas (1866) por José Amador de los Ríos; biografía de Gustavo Adolfo Bécquer (1871) por Ramón Rodríguez Correa; biografía y escritos de D. Próspero Bofarull por Manuel Milá y Fontanals; Semblanza de D. Manuel Milá y Fontanals (1908) por Marcelino Menéndez Pelayo. 

    Los nuevos héroes del siglo XIX son los libertadores de las colonias. Repasando las obras que corresponden a Hispanoamérica, haremos mención de M. V. Villaram quien se anticipa con la Narración biográfica del Gran Mariscal D. José de la Mar y de la traslación de sus restos de la República de Centroamérica a la del Perú (1847). F. Larrazabal escribe la Vida y correspondencia general del libertador Simón Bolívar (1883) y B. Mitre Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina (1904). 

    Siglo XX 

    Los primeros años de este siglo son una continuación de las tradiciones anteriores. En 1899 Serrano i Morales publica la Reseña histórica en forma de diccionario de las imprentas que han existido en Valencia desde la introducción del arte tipográfico en España hasta el año 1868, con noticias bio-bibliográficas de los principales impresores.

    En Roma y en 1901, Armengol Valenzuela da a conocer la Vida de San Pedro Pascual, religioso de la orden de la Merced, obispo de Jaén y mártir glorioso de Cristo; Agustí Calvet realiza el primer estudio serio sobre la figura de Fray Anselmo Turmeda heterodoxo español en 1914. 

    A partir de la primera Guerra Mundial podemos diferenciar un cambio de actitud en el biógrafo y su forma de enfocar el trabajo. Hay una gran influencia de las ciencias, muy especialmente la psicología; las novelas y otros relatos de ficción se entremezclan en el relato biográfico más estricto; disminuyen las biografías nacidas de una estrecha relación personal con el biografiado y por el contrario, aumentan las biografías académicas rigurosamente fiel a los datos.  

    En algunos casos estas biografías se escriben para un público muy reducido y especializado: Algunas noticias sobre el impresor aragonés Joaquín Ibarra y Marín de Enrique Moral Sandoval, Francisco Elías. Pionero del cine sonoro en España de Juan Francisco Lasa o A Biographical Dictionary of English Women Writers, 1580-1720 de Maureen Bell, Parfitt y Shepherd. 

    A principios de siglo, la influencia de Sigmund Freud penetró en el campo de las biografías aportando una nueva dimensión. Las teorías freudianas afectan la biografía compuesta por el inglés Joseph Woof Krust sobre Edgar Allan Poe. 

    Por otra parte, el trabajo de Jean-Paul Sartre aplica el psicoanálisis existencial a Flaubert en El idiota de la familia. En el ámbito hispánico títulos como El Conde-duque de Olivares. La pasión de mandar (1936), Tiberio. Historia de un resentimiento (1939),  Luis Vives. Un español fuera de España (1942)  Antonio Pérez. El hombre, el drama, la época (1947) y Cajal. Su tiempo y el nuestro (1950) de Gregorio Marañón, son representantes de la dimensión psicológica-médica que adquiere la biografía.

    Cabe destacar la obra del genealogista barcelonés Felipe de Salvador y de Solá que se ha dedicado a escribir la historia y genealogía de diversas familias de la nobleza española. De su extensa obra citamos la biografía genealógica del Excmo. Sr. Don Antonio Maura y Montaner. 

    El tema de la nobleza y las genealogías no ha perdido vigencia. En 1959 J. de Atienza, barón de Cobos de Belchite, publica el Diccionario nobiliario español y en 1990 se traduce al castellano el trabajo de A. von Wernitz, Dinastías europeas. Historia, genealogía y estado actual desde el siglo V

    Algunos personajes del siglo XX han determinado hasta tal punto la historia que sus vidas se han convertido en interés general. Sobre ellos no siempre cabe la objetividad y por ello se suceden biografías con diferentes visiones y explicaciones sobre Francisco Franco, Einstein, Freud, Lenin, Hitler, Juan XXIII, Ghandi, De Gaulle. 

    En los últimos años la biografía se ha convertido en una tarea ligada al mundo del periodismo ya que es la faceta de la escritura que mejor aúna el rigor informativo con un lenguaje directo y cercano al público lector. Los protagonistas de la política, los revolucionarios, grandes mandatarios, dictadores y libertadores son uno de los objetivos de los biógrafos.

    Figuras míticas como el Che despiertan el interés del público y a sus numerosas biografías cabe sumar la de Jon Lee Anderson publicada en 1997, Che Guevara. En la misma línea se sitúa el trabajo de investigación llevado a cabo por  Nathaniel Davis en torno al presidente chileno muerto en la Casa Rosa, Los dos últimos años de Salvador Allende

    La revisión del pasado lleva a no concentrarse exclusivamente en los personajes contemporáneos como objeto de la biografía: Erasmo de Johan Huizinga,  Lutero de Hanns Lilje, Julio César de Hans Oppermann. La figura de Cristóbal Colón cuenta con innumerables reinterpretaciones de su papel como descubridor y colonizador de América. 

    Pero los nuevos héroes del siglo XX provienen del mundo de las finanzas y la tecnología: la familia Rockefeller, e incluso Bill Gates ya cuenta con una biografía. Otros personajes merecen el reconocimiento por su trabajo desinteresado en favor de los demás Profeta en el desierto. La historia de Albert Schweitzer, escrita por Hermann Hagedorn. 

    En ciertos casos, son los medios de comunicación los que convierten a una persona en punto de mira y curiosidad general que se acentúa debido a una muerte inesperada: Federico García Lorca, James Dean, Marilyn Monroe, Manolete, Lady Diana Spencer.  

    El público reclama conocer las vidas de los grandes mitos del cine. Actores y actrices de la más variada gama, desde  Marlene Dietrich a Antonio Banderas, han sido objeto de estudio de biógrafos y de la curiosidad de un amplio público. 

    Sobre el cineasta español Luis Buñuel han escrito biógrafos de distintas nacionalidades: Luc Moullet, Jacques Trebouta, Juan Francisco Aranda, Giorgio Cremonini, Jiri Cieslar, John Baxter y otros muchos.  

    Los títulos de biografías ligados al mundo del cine se suceden: de Concha Gómez, Rafaela Aparicio. Oficio de cómica; de Diego Galán y Antonio Llorens Fernando Fernán Gómez: Apasionadas andanzas de un señor muy pelirrojo; de Juan Manuel Recio, biografía y películas de Alfredo Landa.

    Algunas biografías se dejan contagiar de técnicas literarias y de recursos artísticos que embellecen el texto aunque este caso suele darse con mayor frecuencia en las autobiografías: Victoria Throught the Looking-glass (1945) de Lewis Carroll, Portrait of Zélide (1925) de Geoffrey Scott, los estudios poéticos de Maurrois sobre Shelley, Disraeli y George Sand. Ramón Gómez de la Serna, autor de vanguardia fecundísimo, cultivó entre otros muchos géneros la biografía: Mi tía Carolina Colorado (1940), Retratos contemporáneos (1947), El Greco (1950), y la de Quevedo, Azorín, el torero Caracho, la de Valle-Inclán y su original autobiografía en dos tomos titulada Automoribundia.  Julio Cortázar no renuncia a los fantástico ni a su afán de experimentar con las formas literarias. El perseguidor es una biografía subjetiva del músico de jazz Charlie Parker. 

    Siglo XXI

    En el nuevo siglo se ha vivido la reivindicación de figuras olvidadas, muchas de ellas femeninas, que fueron de gran importancia para la historia. Es por ello que se han rescatado nombres de grandes mujeres que, en todos los ámbitos, científico, tecnológico, social, artístico, filosófico… realizaron importantes gestas sin las cuales el avance de la sociedad no se hubiese dado en la forma en que lo hemos vivido.

    De igual modo se ha prestado más atención a ciertas minorías étnicas que parecían olvidadas, y se está dando su lugar a muchas personas que en su momento no fueron tenidas en cuenta, a pesar de la importante impronta que dejaron en sus comunidades, y por ende, en la historia de la humanidad.