Historia de España 4: La época visigoda


    La época visigoda (415 - 711)

    El origen de los godos se sitúa en el área del mar Báltico, entre las actuales zonas meridional de la península escandinava y septentrional de Polonia y Alemania. En este último territorio se asentarán los godos entre los siglos II a.C. y el III d.C. A mediados de este último siglo se inicia un periodo de migraciones que llevará a una parte de este pueblo a las zonas de Ucrania y Moldavia. A partir del año 291 ya tenemos claramente diferenciados a los godos en dos grandes grupos, los Tervingi-Vesi y los  Greutingi-Ostrogothi, conocidos en el mundo romano como Visigodos y Ostrogodos, respectivamente, denominaciones que servían para diferenciar a los godos de occidente y de oriente.

     

    En el siglo IV se inicia el proceso de cristianización arriana de los visigodos. El impulsor de ésto fue Ulfilas, obispo de los godos entre el 340 y el 383, que tradujo la Biblia a la lengua goda. Este obispo fue un seguidor del arrianismo que, a partir de entonces y hasta el 589 año del III Concilio de Toledo, sería la confesión religiosa seguida por los visigodos. Estos aparecen ya como pueblo cristianizado a finales del siglo, en el año 395.

     

     

    Primeros contactos de los visigodos con el Imperio Romano

     

    El siglo IV marca el inicio del contacto entre los visigodos y el Imperio Romano. El primer testimonio sería la concesión a este pueblo del status de federados en el año 332 por el emperador Constantino, con el objeto de frenar las incursiones alamanes en la zona fronteriza del río Danubio. Posteriormente, y con motivo de la presión de los hunos, los visigodos solicitaron del emperador Valente autorización para cruzar la frontera y asentarse en Tracia (en la zona de la actual Bulgaria). Las tensiones que el asentamiento produjo desencadenaron un conflicto con los romanos, quienes fueron derrotados por los visigodos en la batalla de Adrianópolis en el 378, muriendo en ella el emperador Valente. El nuevo emperador Teodosio renovó el pacto de federación con los visigodos, que se establecieron en la zona de los Balcanes. Este hecho, sin embargo, produjo tensiones en ambos bandos, entre los partidarios y los enemigos de la incorporación de los visigodos a la estructura del imperio.

     

     

    Los visigodos en Occidente

     

    En el 401 los visigodos dirigidos por Alarico, quien ya era denominado rey, entran en Italia. En esta época se asiste a una fuerte presión por parte de los pueblos bárbaros sobre el imperio romano de occidente, y en ella los visigodos actuarán coyunturalmente como enemigos o aliados de este imperio occidental. En el 408, y como consecuencia de un giro antivisigodo en la administración imperial que llevó aparejado el incumplimiento de los pactos, Alarico sitia Roma. Dos años más tarde, el ejército visigodo toma la ciudad que es duramente saqueada.

     

    A fines del 410 muere Alarico en el sur de Italia y es elegido rey Ataulfo. Este rey pactó en el 413 un acuerdo de federación con el imperio de occidente, mediante el cual se permitía asentarse a los visigodos en las Galias. Un año después, Ataulfo se casó con Gala Placidia, hermana del emperador Honorio, quien había sido tomada como rehén en el saqueo de Roma. Ataulfo fue un defensor del orden romano y favoreció e impulsó la integración de los visigodos en la estructura del imperio. Obligado por los romanos a penetrar en Hispania, se estableció en Barcelona, donde fue asesinado en el 415.

     

     

    El proceso de formación del estado visigodo peninsular (del inicio del asentamiento al reinado de Atanagildo)  

     

    El asentamiento en la península ibérica durante la época del reino visigodo de Tolosa

     

    El primer estado territorial visigodo se creó como consecuencia de un pacto, en el año 418, entre el emperador romano de Occidente, Honorio, y el rey de los visigodos, Walia. Dicho pacto otorgaba a los visigodos la consideración de federados del imperio romano, con lo que se comprometían a guardar el orden establecido y a combatir a los pueblos vándalos, alanos y suevos presentes desde su entrada en el año 409 en la Península Ibérica. A cambio, y en virtud de dicho acuerdo, se les concedía a los visigodos los territorios de Aquitania y zonas circundantes - en el sudoeste y parte del este de la actual Francia-,  donde establecerán su capital en Tolosa (hoy Tolouse).

     

    La política de expansión territorial del Reino visigodo de Tolosa, que se inicia con Teodorico II (453 - 466), y se continúa con Eurico (466 - 484), va a tener como consecuencia la entrada de contingentes visigodos en la península ibérica y el inicio del proceso de asentamiento. Este territorio era ya conocido por los visigodos debido a su entrada en la provincia Tarraconense y la estancia en Barcelona entre el 414-415, dirigidos por el rey Ataulfo.El proceso de penetración traerá como consecuencia que al final del reinado de Eurico una gran parte de la península ibérica, a excepción del reino Suevo - localizado en los territorios actuales de Galicia, norte de Portugal,y oeste de León, Zamora y Salamanca - y las zonas septentrional y Bética, se encontrara bajo el dominio visigodo.

     

     

    En el año 507 tuvo lugar la  batalla de Vouillé entre visigodos y francos, como consecuencia de la expansión y hegemonía de estos últimos, dirigidos por el rey Clodoveo, sobre gran parte de la Galia. Las consecuencias de esta batalla marcarán el peso determinante que, a partir de ese momento, adquirirán los territorios hispanos del reino visigodo. Asimismo, este conflicto significará prácticamente el fin del reino visigodo de Tolosa. Tras la muerte en Vouillé del rey Alarico II, los restos del ejército visigodo eligieron rey a Gesaleico, hijo bastardo de aquel. Sin embargo, la intervención en favor de los visigodos por parte del rey ostrogodo Teodorico el Grande, hizo que éste hiciera valer con éxito los derechos sucesorios de Amalarico, hijo legítimo de Alarico y, además, nieto suyo.

     

    Durante la minoría de edad de Amalarico ejerció la regencia sobre el reino visigodo Teodorico el Grande (511 - 526), que nombrará para ocuparse de los territorios hispanos a un general igualmente ostrogodo de nombre Teudis. Éste, futuro rey y casado con una noble propietaria hispanorromana, gobernó con cierta independencia en la península. A la muerte de Teodorico, Amalarico nombró un prefecto para Hispania llamado Esteban, en un intento encaminado a restar poder a Teudis, que no sólo lo conservó sino que se rebeló contra el monarca, al que sucedió tras la derrota de Amalarico por los francos y su posterior huida a Barcelona, donde fue asesinado.

       

    Proceso de formación del estado territorial en la península ibérica. De Teudis a Atanagildo (531 - 567)  

     

    Esta época se puede dividir a su vez en dos periodos, el primero de ellos conocido como el intermedio ostrogodo, con los reinados de Teodorico-Amalarico, Teudis y Teudiselo (511 - 549), y el segundo definido por los reinados de Agila y Atanagildo, y la llegada de los bizantinos a la península ibérica (549 - 567).

     

    El intermedio ostrogodo

     

    Este periodo se divide, a su vez, en dos fases. La primera de ellas comprende la regencia de Teodorico, durante la cual el reino visigodo estará tutelado y sometido por el reino ostrogodo. La segunda fase comprende los reinados de Teudis y Teudiselo y supone la consolidación definitiva de la orientación hispana del reino visigodo.

     

    Este periodo se denomina intermedio ostrogodo debido al predominio en el gobierno de los miembros de la aristocracia ostrogoda, principalmente Teodorico, Teudis y Teudiselo. Por tanto, no debe entenderse este periodo como una interrupción del proceso que había caracterizado a la sociedad visigoda de esa época, inmersa en un proceso de interacción y aculturación con la sociedad galorromana e hispanorromana.

     

     

    Teudis (531 - 548)

     

    La figura de Teudis se nos revela, a través de su matrimonio con una noble hispanorromana, como la del máximo exponente de un nuevo grupo social, formado por la unión de representantes de la clase dirigente goda con los grandes propietarios hispanorromanos. Este grupo reaccionó contra el intento de Amalarico de seguir confiriendo una orientación tolosana al reino, desplazando los centros de influencia a la península ibérica y confiriendo, por tanto, una orientación hispana al reino visigodo, encontrando en la figura de Teudis su primer exponente.

     

    De este proceso de unión de las clases dominantes dan idea una serie de significativos acontecimientos sucedidos bajo el reinado de Teudis. La celebración de tres concilios de la iglesia católica entre el 540 -546, refleja no sólo el grado de tolerancia de la monarquía visigoda, cuya religión oficial era la cristiana arriana, sino también el grado de integración de la clase dominante, a la que también pertenecían los obispos católicos como miembros de familias de la aristocracia latifundista hispanorromana. A todo esto hay que añadir la promulgación por Teudis en Toledo (546) del único documento legislativo de su reinado: la Ley de costes judiciales. Esta ley, que perseguía eliminar los intentos de sobornos a los jueces, reflejaba la unidad jurisdiccional alcanzada en este momento. Otro aspecto interesante es el de la promulgación de esta ley en Toledo, ya que indica el peso que esta ciudad va a empezar a adquirir en el reino visigodo.

     

    Durante su reinado, Teudis tuvo que hacer frente en dos ocasiones a los francos. La primera fue en  Septimania, donde tras la derrota de éstos pudieron recuperarse los territorios de esta zona perdidos por Amalarico. La segunda fue a causa de una invasión franca en el valle del Ebro con el consiguiente sitio de la ciudad de Zaragoza. En esta ciudad fueron también derrotados los francos por el ejército visigodo, dirigido por el duque Teudiselo.

     

    La presión y expansión bizantina sobre el Mediterráneo central y occidental como consecuencia de la política del emperador Justiniano (la restauración del imperio romano), trajo como consecuencia la conquista del reino vándalo del norte de África. Antes de este hecho se produjo una alianza entre los reinos visigodo, vándalo y ostrogodo - donde había sido elegido rey un sobrino de Teudis - con el fin de impedir el empuje bizantino. Los intentos por parte de los visigodos de conquistar la ciudad de Ceuta, primero en el 533, momento de máxima presión bizantina sobre el reino vándalo, y posteriormente en el 548, son consecuencia de dicha alianza. Ambos intentos fracasaron y Ceuta se convirtió en una estratégica base naval bizantina, aunque hay que ver en ellos la aspiración visigoda de establecer una cabeza de puente frente a la amenaza imperial, así como de controlar la ruta del estrecho de Gibraltar.

    En el año 548 Teudis fue asesinado en su palacio, sucediéndole Teudiselo.

     

     

    Teudiselo (548 - 549)

     

    Teudiselo fue asesinado en Sevilla al año de haber sido elegido rey. El hecho de que sea en esta ciudad, donde también se defiende que ocurrió el asesinato de Teudis, ilustra cómo el centro de actividad visigoda se había trasladado al sur de la península, como consecuencia de una estrategia meridional destinada a asegurarse el control de las ricas tierras de la Bética.

     

    Agila y Atanagildo. La llegada de los bizantinos a la península (549 - 567)

     

     

    Agila (549 - 555)

    El nuevo rey elegido intentará continuar la política de anexión de la zona meridional de la península emprendida por los dos anteriores monarcas. Para ello atacará a la independiente ciudad de Córdoba y su territorio en el año 550. Será derrotado, perdiendo además a su hijo, el tesoro real y el grueso de su ejército, viéndose obligado a huir a Mérida donde encontrará refugio.  

     

    La huida de Agila, así como su débil situación y la falta de legitimidad como consecuencia de la pérdida del tesoro real, serán aprovechadas por Atanagildo, miembro de una de las más nobles familias visigodas, para rebelarse y proclamarse rey. Se inicia entonces un periodo de guerra civil en el que en un primer momento llevará la iniciativa Agila, quien, desde Mérida, enviará un ejército contra Sevilla, lugar donde se encontraba Atanagildo. Éste, sintiéndose amenazado, pedirá ayuda a los bizantinos y junto a ellos derrotará a las tropas de Agila. A partir de ese momento los enfrentamientos se suceden hasta el asesinato de Agila en el 555.

     

     

    Atanagildo (555 - 567)

     

    Durante su reinado, Atanagildo sentará las bases de un estado territorial centralizado cuya capital será Toledo. Esta ciudad se había convertido en el núcleo administrativo y religioso de la zona central de la península. Reflejo de ello lo proporcionan las Actas del II Concilio de Toledo, celebrado en el 527 bajo el reinado de Amalarico, que muestran la jurisdicción de la ciudad sobre dichos territorios o el hecho, ya mencionado, de que Teudis promulgara aquí la única ley de su reinado.

     

    Una vez elegido como único rey, Atanagildo orientará su política a combatir a sus antiguos aliados bizantinos. Éstos, tras la primera expedición de ayuda a Atanagildo y liberados de enviar tropas a Italia debido a su victoria del 554 sobre el reino ostrogodo, centrarán sus esfuerzos en expandirse por la península ibérica. La reacción de Atanagildo conseguirá frenar el avance bizantino y, a través de un pacto con Justiniano, delimitar los territorios bizantinos peninsulares.

     

    Asimismo, este rey conseguirá recuperar un área de la Bética, fundamentalmente Sevilla y su territorio, que había escapado al control visigodo, fracasando sin embargo en el intento de conquistar Córdoba.

     

    Con los francos se establecieron tratados de alianza, sellados a través del matrimonio entre las hijas de Atanagildo, Galsvinta y Brunequilda, con Chilperico de Neustria y Sigiberto de Austrasia, respectivamente.

     

    En el 567 Atanagildo falleció de muerte natural en Toledo, hecho desconocido para un rey del estado visigodo desde la muerte de Eurico en el 484.

     

     

    Los bizantinos y la provincia de Spania

     

    A lo largo del siglo VI se va a desarrollar el primer periodo de esplendor del Imperio bizantino, acompañado de una expansión territorial. La política de conquistas efectuada durante los años 533 - 563 proporcionará a este imperio el control del Mediterráneo central y occidental, y, por consiguiente, todo el flujo económico de esta zona. La expansión se sustentaba ideológicamente en una doctrina conocida como la Renovatio Imperii Romanorum, que perseguía el deseo de restauración de los antiguos límites del imperio romano y cuyo principal impulsor fue el emperador Justiniano.

     

    La política bizantina de control del Mediterráneo pasaba necesariamente por la conquista de territorios en la península ibérica. Esta posibilidad fue facilitada por la ya conocida petición de ayuda de Atanagildo a los bizantinos en su conflicto con Agila. Al primer contingente de ayuda se sumaría, en un segundo momento y una vez finalizada la guerra contra los ostrogodos en Italia, un ejército con una clara vocación de conquista. Una serie de campañas contra los visigodos, en las que los bizantinos lograrían ganancias territoriales aunque no la caída del reino visigodo, finalizarán con la firma de un tratado entre el emperador Justiniano y el rey Atanagildo. Este tratado estipulaba los límites territoriales bizantinos en la península, que comprenderían la franja costera de territorio situada entre la desembocadura del río Guadalete (Cádiz) y la localidad de Denia (Valencia), limitado al interior por la cordillera penibética. La capital de la provincia bizantina de Spania será Cartagena.

     

    Una aspiración de prácticamente todos los reyes visigodos desde Leovigildo será la conquista de estos territorios,  que se logrará bajo el reinado de Suintila en el año 623.

     

    La consolidación del reino de Toledo: Leovigildo y Recaredo (568-601)  

     

    Es en este periodo cuando se produce la definitiva consolidación del reino visigodo. Sin embargo, también la época nos ilustra sobre el conflicto entre la elite dirigente que protagonizará toda la andadura histórica del reino de Toledo. Dicho enfrentamiento refleja una crisis estructural basada en la confrontación entre los partidarios de una monarquía impulsora de un estado fuerte y centralista, influido por el modelo del Imperio bizantino, y una aristocracia latifundista defensora de sus privilegios y tendencias autónomas frente a las obligaciones, fundamentalmente fiscales y de control, que dicho estado quería imponer.  

     

    Los momentos de mayor auge del reino visigodo de Toledo se han hecho coincidir con los de mayor poder por parte de la monarquía.

     

    Liuva (567 - 572)    

     

    Con la muerte de Atanagildo estalla una crisis dirigida por elementos de la aristocracia hispanogoda, destinada a paralizar el proceso de estructuración centralista y de reforzamiento de la autoridad real iniciado por este rey. Finalmente, fue elegido rey Liuva, quien inmediatamente asoció al trono a su hermano Leovigildo, al que le cedió los territorios de Hispania y adjudicándose él el gobierno de la Septimania. Esta operación ha sido interpretada como un reflejo de la debilidad del poder real en ese momento. Lo cierto es que Leovigildo se atrajo a los partidarios de Atanagildo a través del matrimonio con su viuda Gosvinta, como primera medida para reforzar su autoridad y poder enfrentarse a la aristocracia rebelde. La muerte de Liuva en el 572 dejó a Leovigildo como único rey.

     

     

    Leovigildo (568 - 586)

     

    La importancia de la figura de Leovigildo y su obra como consolidador y organizador del reino de Toledo fueron objeto de especial atención por los cronistas de la época. Así, Juan de Biclaro y su Crónica se constituirán en los principales propagandistas de la política de este rey y de la importancia que en ella desempeñará el influjo ideológico bizantino.  Isidoro de Sevilla también transmitió el papel de Leovigildo como iniciador del proceso de unificación territorial, así como de impulsor de todo el programa ideológico y de centralización de la monarquía visigoda.

     

    El reinado de Leovigildo se divide en dos partes. La primera de ellas, hasta el año 578, se dedicará a dotar de una cohesión territorial al reino, así como a marcar las primeras pautas de su programa ideológico. La segunda parte del reinado, hasta el 586, se dedicará a la cohesión de todo este programa ideológico, a través del intento de declarar el  arrianismo como religión oficial del reino y a frenar la fuerte resistencia que ello motivará.

     

    Las campañas del reinado de Leovigildo y la cohesión territorial del reino visigodo de Toledo

     

    Durante la primera de estas fases, el objetivo inicial de Leovigildo será el sometimiento de los sectores de la aristocracia rebelados desde la muerte de Atanagildo. Este enfrentamiento refleja una crisis estructural, basada en la confrontación entre los partidarios de un estado fuerte y centralista, influido por el modelo del Imperio bizantino, y una aristocracia latifundista defensora de sus privilegios y tendencias autónomas frente a las obligaciones, fundamentalmente fiscales y de control, que dicho estado quería imponer.

     

    Una vez logrado el sometimiento de la aristocracia, Leovigildo dirigirá sus esfuerzos a estabilizar una zona fronteriza con los bizantinos. Entre los años 570-571 se realiza esta campaña que finalizará con la fijación de toda una zona de frontera a lo largo del sistema Penibético tomando como eje las actuales ciudades de Baza, Guadix, Antequera y Medinasidonia.

     

    Al año siguiente de estas campañas, en el 572, Leovigildo conquistará la independiente ciudad de Córdoba, lo que proporcionará al reino visigodo el control definitivo de la zona más fértil del valle del Guadalquivir.

     

    Posteriormente y con el fin de contener los intentos expansivos del reino suevo, así como de someter o controlar a los pueblos indígenas, Leovigildo efectuará una serie de campañas en la zona septentrional de la península. Consecuencia de éstas serán las victorias sobre los Ruccones - situados entre las actuales provincias de Salamanca y Cáceres -, los Sappos - en el sudoeste de la actual provincia de Zamora- y los pueblos cántabros situados en la región del alto Ebro. Asimismo, entre el 574-576 se inicia la presión sobre el reino suevo.

     

    En el año 577 Leovigildo conquistará la Oróspeda, situada en la actual zona de las sierras de Alcaraz, Segura, Cazorla y alto Guadalquivir. En un principio se someterán las ciudades y fortalezas de esta región, para posteriormente reprimir una rebelión del campesinado.

     

    En la segunda fase del reinado de Leovigildo se producirán las campañas contra los vascones, reino Suevo y los francos. La primera de ellas finalizará con la contención de los vascones en su propio territorio y la fundación de la ciudad de Victoriaco como centro de control sobre este pueblo. La campaña contra el reino Suevo, cuyo rey Miro prestó un apoyo decidido a la rebelión de Hermenegildo, finalizará con la conquista de éste en el 585. Los francos del reino de Borgoña, que intervinieron apoyando tanto a Hermenegildo como al reino suevo y que lanzaron una campaña de conquista sobre los territorios de  Septimania, fueron igualmente derrotados en el 585 por el ejército visigodo, dirigido por Recaredo.

     

    Como consecuencia de estas campañas se logrará una estructura territorial cohesionada para el reino visigodo de Toledo que comprenderá los territorios galos de Septimania, así como gran parte de la península ibérica, a excepción de la franja mediterránea bajo control de los bizantinos y todos los territorios septentrionales formados por las actuales Asturias, Cantabria y País Vasco. Por tanto, el reino visigodo controlará un territorio cohesionado políticamente y definido, a su vez, por la diversidad cultural de las diferentes zonas peninsulares.

     

    El programa ideológico del reinado de Leovigildo

     

    En la primera fase del reinado de Leovigildo, años 569-577, a la par que las campañas militares se va desarrollando todo el armazón ideológico del reino visigodo. Éste se sustentaría en una especie de estado cohesionado territorialmente y en el afianzamiento de la autoridad regia.

     

    La consolidación de una estructura estatal centralizada, basada en un afianzamiento de la autoridad real está reflejada por varias medidas.

     

    En primer lugar, habría que destacar la fuerte represión sobre los sectores de la aristocracia no dispuestos a aceptar este orden de cosas, fuertemente reprimidos y expoliados por Leovigildo al inicio de su reinado en el 569, tal y como nos transmite Isidoro de Sevilla.

     

    La asociación al trono como consortes de sus hijos Hermegildo y Recaredo muestra como ya en el 573 Leovigildo poseía una teoría del poder basada en la transmisión hereditaria y en la perpetuación de una dinastía como elemento de estabilidad y cohesión del reino.

     

    Reflejo de esto lo encontramos en el hecho de que fuera el primer rey visigodo en utilizar vestimentas reales y sentarse en un trono, así como en acuñar moneda de oro a su nombre.

     

    La fundación en el 578 de la ciudad real de Recópolis, hecho único en ese periodo, una vez lograda la cohesión territorial del reino proporciona, igualmente, un testimonio inequívoco del poder de la monarquía visigoda.

     

    Un elemento importante para la ejecución de toda esta política fue el aumento de los recursos del estado lograda por Leovigildo, tal y como transmite  Isidoro de Sevilla, con las ganancias obtenidas frente a la aristocracia, las conquistas territoriales, y una efectividad de la política de recaudación fiscal.

     

    Uno de los aspectos ideológicos más trascendentales fue el intento de Leovigildo de imponer el arrianismo como religión oficial del estado visigodo. Esto era debido a la consideración de que la existencia de dos confesiones, la católica y la arriana, dificultaba el proceso de cohesión del reino y de su clase dirigente. La no aceptación del arrianismo provocó el destierro de algunos miembros de la jerarquía católica, como es el caso de Masona, el influyente obispo de Mérida, y la enajenación de los bienes de algunas iglesias. Sin embargo, la Iglesia católica siguió conservando su poder, influencia y organización en este periodo y, en los últimos años de su reinado, Leovigildo permitió la vuelta de los obispos desterrados a sus sedes.

     

    La evidencia más clara acerca de la existencia de un poder real fuerte y centralizado la constituye la propia rebelión del hijo del rey, Hermenegildo, en el año 579. Esta se producirá como una reacción por parte de la aristocracia frente a la política de concentración del poder llevada a cabo por Leovigildo. Dicho conflicto ha sido presentado como una rebelión de los católicos frente a la imposición del arrianismo, siguiendo lo transmitido por el cronista galo Gregorio de Tours. Sin embargo, los cronistas hispanos contemporáneos de esta rebelión, los católicos Juan de Biclaro e Isidoro de Sevilla, proporcionan otra interpretación. Para ellos la rebelión (que es como califican a estos acontecimientos) encabezada por Hermenegildo (al que denominan tirano) puso en peligro la estructura del reino visigodo. Por tanto, fue un ataque contra la concepción del estado visigodo impulsada por Leovigildo y en la que el factor religioso desempeñó el papel de justificación ideológica. La rebelión, que tuvo su centro más fuerte en la zona meridional del reino, precisamente la que le había sido concedida para gobernar a Hermenegildo con motivo de su asociación al trono en el 573, finalizó con la derrota de éste, quien posteriormente murió asesinado en el 585.

     

    La rebelión de Hermenegildo sirvió a Leovigildo de acicate para que se tomaran una serie de medidas de carácter legislativo conocidas como el Codex Revisus. Dicho conjunto legislativo refleja la existencia de una compilación de carácter unitario tanto para los hispanos como para los visigodos, que venía a sancionar legalmente una integración que ya se había producido de hecho entre ambas comunidades.

    En la primavera del año 586 falleció Leovigildo en Toledo y le sucedió su hijo Recaredo.

       

    Recaredo (586 - 601)

     

     

    La cohesión ideológica del reino visigodo: el III Concilio de Toledo

     

    El acontecimiento más importante del reinado de Recaredo es el III Concilio de Toledo en el año 589. El rey, convertido al catolicismo en el 587, anuncia la unificación religiosa bajo el catolicismo a partir de este concilio, acontecimiento que, fundamentalmente, tendrá un gran alcance político en lo que se refiere a la estructuración del estado toledano. La política de acercamiento al catolicismo, iniciada por Recaredo a comienzos de su reinado, será el argumento de una fuerte contestación, a veces con rebeliones, por parte de sectores de la aristocracia arriana.

     

     

    El sínodo toledano es bien conocido a través de sus propias Actas, así como por las noticias que nos transmite Juan de Biclaro en su Crónica. Este concilio contiene una serie de resoluciones fundamentales para entender no sólo los aspectos religiosos, sino la estructura del estado y sociedad de época visigoda. Reconoce el deber del rey de ocuparse en su gobierno tanto de los aspectos temporales como de los espirituales. En esta misma línea se atribuyen funciones conjuntas a los obispos y jueces. Así mismo, se otorga a los obispos una capacidad de control e inspección en cada provincia sobre los jueces de distrito y los funcionarios del patrimonio fiscal.

     

    La cohesión del estado y la monarquía visigoda lograda por Recaredo se verá reflejada por una política generosa hacia la aristocracia, con la devolución de los bienes confiscados por Leovigildo, y hacia la Iglesia, favorecida por la fundación y dotación de monasterios e iglesias. Sin embargo, también en este reinado sectores de la aristocracia intentarán resistir, tomando a veces como coartada ideológica la defensa de la legitimidad arriana, al proceso de centralización estatal y reforzamiento de la monarquía. Esta cohesión se verá reflejada, igualmente, en una mayor fortaleza e intervención de la administración, tal y como revelan las disposiciones - recogidas en las actas del III Concilio de Toledo, así como en el Liber Iudicum - destinadas a controlar los abusos tanto de los funcionarios encargados de la recaudación tributaria, como del resto de los funcionarios públicos.

     

     

    En política exterior, este rey impulsará una estrategia de alianzas con los reyes francos que se concretará en una alianza con Childeberto de Austrasia, favorecida por la conversión de los visigodos al catolicismo. Una campaña victoriosa contra Gortrand de Borgoña, que había invadido los territorios visigodos de Septimania, servirá para contener los intentos expansivos de los reinos francos en los territorios visigodos de Galia durante un largo periodo de tiempo.

    Frente a los bizantinos Recaredo continuó la guerra, aunque la frontera se mantuvo estable sin sufrir grandes oscilaciones, e, igualmente controló los intentos expansivos de los vascones.  

     

    El conflicto entre monarquía y aristocracia: la monarquía electiva  

     

    Liuva II (601 - 603)

    El reinado de Liuva fue breve, ya que fue destronado por una sublevación de la aristocracia encabezada por Viterico que, como consecuencia, fue nombrado rey. Esta sublevación refleja el temor de la aristocracia a vincular la monarquía visigoda con una dinastía. De hecho, Liuva era el cuarto rey de una misma familia. Asimismo, y este es quizás el dato más importante, transmite el interés de esa aristocracia por debilitar el acrecentamiento del poder y la centralización del estado toledano, desarrollada por Leovigildo y continuada por Recaredo.

     

    Witerico (603 - 610)

    Los datos sobre el reinado de este rey apuntan hacia una continuación de la política de afirmación del poder real y contención de la aristocracia, política que explicaría la presión ejercida sobre la aristocracia de los territorios galos de la provincia Narbonense.

     

    La política exterior de este rey siguió las pautas tradicionales del reino visigodo. Respecto a los francos buscó la alianza con el reino de Burgundia, a través de un intento de matrimonio entre su hija y el rey Teodorico II desbaratado por  Brunequilda. Consecuencia de este fracaso fue un intento de alianza con los otros reyes francos de Neustria, Austrasia, así como con Lombardía, que tampoco llegó a fructificar.

     

    La política de Witerico frente a los bizantinos tuvo más éxito y pudo obtener ganancias territoriales en un momento en el que el imperio Bizantino hacía frente a graves problemas en sus diferentes dominios, como consecuencia de la presión del imperio sasánida en oriente o de los Lombardos en Italia.

     

    Witerico es asesinado a raíz de una conjura de la aristocracia, en la que participaría incluso el sector que le había apoyado en su ascenso al trono. El origen de esta conjura hay que situarlo en la presión ejercida sobre dicha aristocracia por el rey como consecuencia de su política de afirmación del poder de la monarquía.

     

    Gundemaro (610 - 612)

     

    Este rey continuará las operaciones contra bizantinos y vascones. Su política respecto a los reinos francos de Galia se desarrolló en la misma línea que la de su predecesor: amistad con los reinos de Austrasia y Neustria,  hostilidad hacia Burgundia.

     

    Sin embargo, el hecho más relevante que nos ha sido transmitido del reinado de Gundemaro fue la realización de un Decreto mediante el cual se reconocía a Toledo como sede metropolitana de la provincia Cartaginense. Este hecho suponía el reconocimiento de la primacía de la sede episcopal toledana sobre el resto de la Iglesia visigoda.

     

    Sisebuto (612 - 621)

     

    La figura de Sisebuto es la de un rey que, además de ser un notable legislador y guerrero, fue un hombre de letras, escritor y poeta. Conocedor de la tradición y política del Imperio tardorromano, desarrollará una concepción de la monarquía de clara tendencia centralizadora, resaltando el fortalecimiento de la autoridad real.

     

    La política antijudía de Sisebuto

    En conexión con la idea y el carácter de la monarquía visigoda hay que situar la política antijudía de Sisebuto. La igualdad legal y política que desde el III Concilio de Toledo tenían los intereses políticos y religiosos facilitaba la discriminación de quien se situaba al margen de alguno de éstos. Apoyado en ello y en el reforzamiento de las bases que sustentaban el estado toledano, Sisebuto promulga una serie de leyes que marginaban a los judíos de la estructura política, económica y social del reino, siempre y cuando no se convirtieran al cristianismo.

     

    Las campañas contra los territorios bizantinos de la península se inscriben dentro de la política, ya iniciada por Gundemaro, de reivindicar la pertenencia de esos territorios al estado visigodo. Durante el reinado de Sisebuto se realizaron dos campañas que finalizaron con la conquista de una gran parte de la provincia bizantina, quedando limitadas las posesiones imperiales al territorio de la ciudad de Cartagena. Estas campañas se realizan conociendo y aprovechando los visigodos el estado de crisis del imperio bizantino como consecuencia de su costoso conflicto en oriente con el imperio sasánida.

     

    En diferentes periodos del reinado de Sisebuto se combatió, en los territorios septentrionales de la península, contra pueblos que vivían en un estado de casi independencia. En un primer momento fueron sometidos momentáneamente los astures y los cántabros. Posteriormente, una segunda campaña finalizaría con el sometimiento de los ruccones, pueblo montañoso situado al occidente de los anteriores.

     

    A la muerte de Sisebuto le sucede su hijo  Recaredo II, que reinará unos pocos días hasta su sospechosa muerte,produciéndose un interregno de tres meses al cabo de los cuales será elegido rey el que había sido victorioso duque, contra bizantinos y ruccones: Suintila.

     

    Suintila (621 - 631)

     

    Al comienzo de su reinado, Suintila va a iniciar una campaña contra los vascones que, en pleno proceso expansivo tanto al sur como al norte de los Pirineos, constituían una amenaza con sus razias para el valle del Ebro. El conflicto finalizará con el sometimiento de este pueblo, que será obligado a entregar rehenes y a construir la fortaleza de Oligicus (Olite), destinada al control de estas poblaciones.

     

    El fin del dominio bizantino

    El gran éxito del reinado de Suintila fue la incorporación definitiva de los territorios todavía en manos de los bizantinos al reino de Toledo. Para ello aprovechará el momento de extrema debilidad del imperio bizantino debido a, su continuado conflicto con los sasánidas, al empuje de los longobardos sobre el exarcado de Italia y a la presión de los beréberes en los territorios del norte de África. La campaña finalizará con la conquista de la capital de la provincia bizantina de Spania, Cartagena, que será destruida y perderá su carácter de sede episcopal.

     

    Los éxitos militares condujeron a un reforzamiento de la figura de Suintila, así como de su autoridad y poder. Este hecho, junto con el intento de crear una dinastía, implícito en la asociación al trono de su hijo Recimiro, provocó una reacción en contra por parte de la aristocracia y la jerarquía eclesiástica. Ambas veían amenazados sus intereses, la primera por la política de limitación de su poder desarrollada por el rey, la segunda por la confiscación de parte de sus bienes efectuada, igualmente, por Suintila. Una conjura de la aristocracia, iniciada en la provincia gala Narbonense y encabezada por el duque Sisenando, que contó con la ayuda del rey Dagoberto de Neustria, fue el inicio del conflicto. Suintila, abandonado por su ejército en Zaragoza, fue depuesto como rey y fue excomulgado junto a su familia.

     

    Sisenando (631 - 636)

     

    El acontecimiento más importante de este reinado fue la convocatoria del IV Concilio de Toledo, inspirado y dirigido por Isidoro de Sevilla. Uno de los objetivos de este concilio, junto con el de legitimar el ascenso al trono de Sisenando, era la regulación de la sucesión al trono. Se estableció que los reyes serían elegidos por la aristocracia y los obispos y se desarrolló el principio sobre el carácter sagrado de la realeza. Asímismo, se instituyó la unción regia de los reyes visigodos como un acto que reflejaba dicho carácter sagrado. Sin embargo, uno de los aspectos más importantes que se deducen de este concilio es la constatación de una alianza entre la aristocracia y el alto clero para limitar el poder real. En esta dirección, el sínodo sancionará la imposibilidad del rey de condenar a un noble, la exclusión de las prerrogativas reales en el nombramiento de obispos y el derecho de apartar de la iglesia a los reyes que actuaran despóticamente.

     

    Chintila (636 - 639) y Tulga (639 - 642)

     

    Durante el reinado de Chintila continuó la misma linea de aumento del poder de la aristocracia y la Iglesia que había caracterizado al de su antecesor, tal y como puede comprobarse en las Actas de los concilios V y VI celebrados en Toledo.

     

    La consolidación de los privilegios de la aristocracia y la Iglesia obtenidos en el reinado de Chintila hicieron que estos sectores favorecieran la sucesión de su hijo Tulga. Éste sólo llegó a reinar tres años al cabo de los cuales fue depuesto, tonsurado y encerrado en un monasterio, por una conjura de la aristocracia.

     

    Una época de fortalecimiento de la monarquía: los reinados de Chindasvinto y Recesvinto

     

    Chindasvinto (642 - 653)

     

    Chindasvinto que había encabezado la rebelión contra Tulga, y que contaba con el apoyo de un importante sector de la aristocracia fue elegido rey. Sin embargo, éste se distinguió por una decidida política de recuperación y fortalecimiento del poder real. De hecho nada más iniciarse su reinado organizó una gran depuración de la aristocracia, ejecutando y desterrando a todo un sector y distribuyendo parte de sus patrimonios al grupo que le era fiel. Una vez    finalizada la campaña antinobiliaria, Chindasvinto convocó el VII Concilio de Toledo (646) en el que se sancionó esta política así como una mayor intervención del rey en los asuntos de la Iglesia.

     

    La reforma administrativa de Chindasvinto

     

    El rey reforzó el carácter centralista del estado ampliando el aparato burocrático, para lo cual se apoyó en un sector de la aristocracia que le era fiel, a la que concedió numerosos privilegios, así como en el grupo de los esclavos reales. En conexión con este reforzamiento del estado hay que situar la política fiscal necesaria para el mantenimiento de todo el entramado administrativo. Se realizó un saneamiento del fisco, acrecentado con las confiscaciones efectuadas a la aristocracia, así como por una mayor eficacia en la recaudación de impuestos. Toda esta reforma quedó reflejada en el nuevo código legal iniciado por este rey y finalizado por su hijo Recesvinto.

     

    El éxito de la política de reforzamiento de la autoridad real, posibilitó que Chindasvinto asociara al trono, en el 649, a su hijo Recesvinto con quien compartió el poder hasta su muerte en el 653.

     

    Recesvinto (649 - 672)

     

    El fallecimiento de Chindasvinto fue aprovechado por un sector de la aristocracia dirigido por el noble Froya para rebelarse. Esta revuelta, que contó con el apoyo y la participación de los vascones, se desarrolló en el valle del Ebro llegando a amenazar a Zaragoza, que fue sitiada. Recesvinto consiguió dominar la situación derrotando en esa ciudad a los rebeldes y sus aliados.

     

    Inmediatamente después de estos hechos y en el mismo año de 653, el rey convocó el VIII Concilio de Toledo. Dicho concilio contó con una amplia participación episcopal, así como de los miembros del Oficio Palatino, quienes por primera vez firmaron en las actas. En él se observa una cierta crítica a la política efectuada por Chindasvinto a través de la promulgación de amnistías parciales, potestad de Recesvinto, a los condenados por alta traición en época de aquel rey. Asímismo, se decretó una distinción entre los bienes obtenidos por Chindasvinto como consecuencia de su política de confiscaciones, que deberían pasar a formar parte del patrimonio real, y los bienes propiedad de ese rey antes de su ascenso al trono, que debían constituir el patrimonio familiar de sus hijos. Este concilio nos transmite la voluntad tanto de la aristocracia como de los obispos de imprimir un cambio en las relaciones entre estas y la monarquía toledana, respecto a como se habían desarrollado en época de Chindasvinto.

     

    El acontecimiento fundamental del reinado de Recesvinto fue, sin embargo, la publicación el en 654 del Liber Iudicum. Fue un nuevo cuerpo legal, iniciado por Chindasvinto, que recogía las leyes promulgadas por Leovigildo,Recaredo, Sisebuto, así como por Chindasvinto y el propio Recesvinto. Las leyes promulgadas por este último rey nos muestran una política mas contemporizadora respecto a la aristocracia y al clero, frente a la realizada por su padre, y, por tanto, en la linea ya iniciada en el VIII Concilio toledano.

     

     

    La crisis de la monarquía visigoda

     

    Wamba (672 - 680)

     

    Wamba es elegido rey el mismo día de la muerte de Recesvinto y en la misma localidad, Gérticos, aunque no será ungido hasta su llegada a Toledo a los diecinueve días. Es el primer rey del que tenemos testimonio de su unción, efectuada por el metropolitano Quirico, aunque probablemente este tipo de ceremonias se hubieran realizado con reyes anteriores.

     

    En el comienzo de su reinado, Wamba tuvo que hacer frente en una zona de Cantabria - correspondiente a la actual La Rioja - a una nueva amenaza de las poblaciones cántabras y vasconas. Mientras se encontraba en esa zona estalló una rebelión de la aristocracia y el clero de la provincia de Septimania dirigida por Ilderico, conde de Nimes. Ante esta situación Wamba envió para sofocarla al duque Paulo, quien a su vez se rebeló, consiguiendo el apoyo de un importante sector de la aristocracia de la provincia Tarraconense. Paulo, tras pactar con Ilderico, se hizo ungir rey de la parte oriental en Narbona. Wamba reaccionó con prontitud, y después de una veloz y victoriosa campaña contra los vascones, se dirigió a los territorios de la Galia donde, en una rápida ofensiva, consiguió derrotar a los sublevados.

     

    Como consecuencia de la rebelión de Paulo, Wamba promulgará en el año 673 una ley de obligaciones militares para la reorganización del ejército, pero que también tendría un evidente alcance político. Esta ley constata como en ese período el ejército visigodo, aunque no había perdido completamente su carácter público, estaba igualmente constituido por tropas particulares aportadas por miembros de la aristocracia y de la jerarquía episcopal. Se dictaminaba en ella la ayuda y participación en la defensa del reino que debían prestar tanto nobles como clérigos de rango superior, en caso de ataque exterior o de rebeliones internas. Asímismo, se regulaban los castigos por el incumplimiento de estas obligaciones, siendo significativo que las mayores penas se refirieran a la falta de asistencia en caso de rebelión interna.

     

    Sobre la concepción de la monarquía y del estado que defendía la jerarquía eclesiástica así como los miembros de la aristocracia existe una fuente contemporánea de gran valor: la Historia Wambae, escrita por el obispo Julián de Toledo. En ella se defiende el carácter de bloque cohesionado del clero y la aristocracia que conjuntamente con el rey constituyen el pilar sobre el que descansa el gobierno.

     

    Todos estos datos reflejan un proceso de debilitación del poder central, frente a un claro aumento de la importancia y poder de la aristocracia y alto clero, que constituirá a partir de ese momento la característica principal del reino de Toledo hasta su desaparición.

     

    Una conjura encabezada por el conde Ervigio y el obispo metropolitano de Toledo, Julián, por tanto, con participación de sectores de la aristocracia y la Iglesia, puso fin al reinado de Wamba en el 680. Los motivos de esta conjura hay que buscarlos en el rigor y aplicación de los castigos a nobles y alto clero de la ley de obligaciones militares y, por tanto, en el intento de Wamba de reforzar la autoridad real. Éste fue narcotizado y utilizando esto como pretexto de una muerte próxima, le fue administrada la penitencia, se le tonsuró y se le vistió con hábitos religiosos, quedando inhabilitado para la vida pública. A pesar de su voluntad de recuperar el trono, acabó sus días en un monasterio.

     

    Ervigio (680 - 687)

    En los tres primeros años de su reinado, Ervigio convocó los concilios XII y XIII de Toledo, con la finalidad de mitigar y rectificar la política de Wamba.

    En el primero de estos concilios, el rey promovió un acercamiento al clero con el objetivo de reforzar su poder. Además de conceder privilegios a los obispos, les invita a tomar parte activa en el gobierno del reino, otorgándoles capacidad de control sobre los funcionarios civiles. Asímismo, destaca la política antijudía de este concilio, que hay que interpretar como una concesión más al clero. Se impone a la comunidad judía el bautismo obligatorio, la prohibición de ocupar puestos de responsabilidad, así como la limitación en la libre circulación por el reino con objeto de obstaculizar sus actividades comerciales. Uno de los impulsores de esta legislación antijudaica fue Julián, obispo metropolitano de Toledo, y autor de escritos antijudíos, descendiente él mismo de una familia de judeoconversos.

     

    El segundo de los concilios demostrará el poder de la aristocracia. En él se perdonará a los participantes en la rebelión del duque Paulo durante el reinado de Wamba, restituyéndoles sus derechos así como parte de los bienes confiscados. Esta parte de los bienes confiscados se refiere únicamente a los que habían pasado a formar parte del fisco, y no a los que habían sido donados por Wamba a sus fieles, que constituían en ese momento un sector poderoso de la alta aristocracia. Por tanto, esta devolución va a conllevar un debilitamiento del patrimonio del reino, así como un mantenimiento y aumento, a través de la restitución de bienes y privilegios, del poder de la aristocracia. Igualmente, este concilio forzará un cambio en la política fiscal, impulsado por la aristocracia y la jerarquía eclesiástica. Se condonarán las deudas tributarias contraídas con anterioridad al primer año de reinado de Ervigio, se suavizará el régimen tributario y, por tanto, las necesidades de la administración pública, y se procederá a un saneamiento de la organización fiscal tendente a eliminar la corrupción.

     

    Ervigio promulgará una nueva ley militar, que introduce variaciones sobre la de Wamba, y que viene a reconocer como en el reino visigodo el potencial militar está en esos momentos en manos de la aristocracia y el alto clero, a través de los grupos de dependientes que estos controlan.

     

    En época de Ervigio se efectuará una revisión del  Liber Iudicum, en el que se reafirma el aparato legislativo promulgado por Sisebuto y Recesvinto, incorporando nuevas leyes.

     

    Egica (687 - 702)

     

    Ervigio antes de morir había designado como sucesor al duque Egica, casado con su hija Cixilo, quien fue ungido rey. El reinado de Egica se caracterizará por una política de reforzamiento de su poder personal, y a través de ello de la monarquía, reconociendo, sin embargo, el predominio de la estructura protofeudal del estado visigodo.

     

    Al inicio de su reinado Egica convocó, en el 688, el que sería XV Concilio de Toledo, en el que, entre otras cosas,se discutió el destino de las propiedades que, confiscadas por Ervigio, habían sido heredadas por sus hijos. El rey, que ambicionaba estas propiedades, solicitó ser desvinculado de su promesa de proteger a la familia de Ervigio, incompatible, según él, con otra efectuada al ser ungido rey, por la que se comprometía a hacer justicia a todos los pueblos de su reino. Sin embargo, una solución contemporizadora que hacía prevalecer la segunda de las promesas de Egica, pero que además protegía a la familia de Ervigio, supuso el enfrentamiento entre el rey y la clase dirigente visigoda, obispos y aristocracia. El enfrentamiento desembocó en una rebelión de estos últimos encabezada por el obispo de Toledo, Sisberto, que fue contundentemente reprimida por Egica.

     

    Esta rebelión proporcionó al rey el pretexto para iniciar una política encaminada a reforzar la posición de su familia y de la autoridad real frente a la aristocracia y alto clero. Reflejo de todo esto lo ofrece el XVI Concilio de Toledo, convocado por Egica en el 693. En éste se resalta el carácter sagrado de la monarquía, la capacidad del rey para intervenir en los asuntos de la Iglesia, el castigo contra los que violaran el juramento de fidelidad al rey, así como la protección de la que gozan tanto la familia como los bienes del rey.  

     

    Este concilio actuó, además, como tribunal contra los conjurados, condenando a Sisberto y al resto de los miembros de la Iglesia que habían participado en la rebelión. Además, sus resoluciones produjeron el inicio de una gran depuración en el seno de la aristocracia, cuyas propiedades fueron confiscadas pasando a formar parte del patrimonio de Egica, o siendo donadas a nobles fieles o a la propia Iglesia.  

     

    Otras leyes de Egica se orientaron igualmente al reforzamiento de su posición, a través de prohibir todo tipo de juramentos que no fueran el de fidelidad al rey, así como de estipular cómo debía prestarse éste.

     

    Durante este reinado se celebró otro concilio en el 694, el XVII de Toledo, centrado casi exclusivamente en la cuestión judía. Este sínodo, culminación de la política antijudía del estado visigodo, toma como pretexto para sus dictámenes una supuesta conspiración de los judíos contra los reinos cristianos, con el apoyo de sus hermanos del norte de África y Oriente. La consecuencia será la confiscación de todos sus bienes, la reducción al estado de servidumbre y su dispersión por todos los territorios del reino.

     

    Durante este reinado hubo que hacer frente a una terrible epidemia de peste bubónica a partir del 693, coincidente con un momento de grave crisis económica y tensión social, que obligó al rey a condonar las obligaciones tributarias.

     

    Por otra parte, los cambios que se estaban produciendo en esos momentos en el área mediterránea como consecuencia de la expansión islámica afectaron también al reino visigodo. Así, el duque Teodomiro de Orihuela se vio obligado a rechazar un desembarco bizantino realizado por una flota que huía del avance islámico por el norte de África.

     

    Egica favoreció una solución hereditaria mediante la asociación al trono de su hijo Witiza en el 698, propiciando, por tanto, una situación de corregencia destinada a consolidar una sucesión dinástica. Ante la continuidad de la política de reforzamiento real y presión sobre la aristocracia, un sector de ésta se rebeló, dirigido por un tal Sunifredo, apoderándose de la capital, Toledo, siendo finalmente derrotados. Poco después de esta revuelta falleció en el 702 el rey Egica.

     

    Witiza (698 - 710)

     

    Pocos datos se nos han transmitido sobre el reinado de Witiza. Este rey imprimió un giro respecto a la política de su padre, favoreciendo los intereses de la aristocracia y devolviendo a los perseguidos sus bienes y privilegios. Parece ser que falleció de muerte natural en el 710.

     

    El fin del reino visigodo de Toledo

     

    Rodrigo (710 - 711)

     

    A raíz del fallecimiento de Witiza se desató un conflicto por la sucesión al trono. En éste, sus hijos, apoyados por un sector de la aristocracia, reclamaron su derecho al trono frente a los intereses de otro sector, partidario del duque Rodrigo quien, finalmente, fue proclamado rey.

     

    Rodrigo, sin embargo, no llegó a controlar totalmente el reino visigodo, ya que en la parte oriental de la provincia Tarraconense - valle del Ebro y Cataluña - y la provincia de Septimania fue proclamado rey Agila II, identificado como uno de los hijos de Witiza.

     

    En estas circustancias se produjo la llegada de las tropas musulmanas, llamadas en ayuda de los hijos de Witiza y sus partidarios. Rodrigo, que se encontraba combatiendo a los vascones, se dirigió con su ejército hacia el sur, donde fue derrotado y muerto en la batalla del río Guadalete (711). En esta batalla, Rodrigo fue abandonado por una parte de su ejército que tomó partido por sus rivales. En el corto espacio de ocho años, 711 al 719, las tropas árabes y beréberes conquistan todo el reino visigodo. Parte de su clase dirigente, los seguidores de Rodrigo, será eliminada o huirá, mientras que el resto, fundamentalmente los witizanos, se integrará en el proceso de estructuración de la nueva realidad social y política peninsular que conocemos como al-Andalus.