Biografía de Teodorico I el Grande

Ya sea inspirando a otros o siendo una pieza esencial de la acción. Teodorico I el Grande es uno de esos seres humanos cuya vida, en efecto, merece nuestro interés debido al grado de influencia que tuvo en la historia.Conocer la existencia de Teodorico I el Grande es conocer más sobre una época concreta de la historia de la humanidad.

Las biografías y las vidas de personas que, como Teodorico I el Grande, atraen nuestra curiosidad, tienen que servirnos en todo momento como referencia y reflexión para ofrendar un marco y un contexto a otra sociedad y otra etapa de la historia que no son las nuestras. Intentar entender la biografía de Teodorico I el Grande, el motivo por el cual Teodorico I el Grande vivió del modo en que lo hizo y actuó de la forma en que lo hizo a lo largo de su vida, es algo que nos impulsará por un lado a vislumbrar mejor el alma del ser humano, y por el otro, el modo en que se mueve, de forma inevitable, la historia.

Vida y Biografía de Teodorico I el Grande

(?, h. 454 - Rávena, actual Italia, 526) Rey de los ostrogodos (474-526). Hijo y sucesor del caudillo ostrogodo Teodomiro, del linaje de los Amalos, fue enviado por su padre como rehén a la ciudad de Constantinopla (actual Estambul), cuando no era más que un niño (462). En la capital del Imperio Bizantino, Teodorico entró en contacto con la cultura grecolatina y adquirió cierta experiencia política. En el 474 sucedió a su padre al frente de los ostrogodos e instaló a su pueblo en Dacia, antigua provincia romana que hoy forma parte de Rumania.

Fue nombrado patricio y magister militum por el emperador Zenón, quien, en el 488, le prometió el gobierno de Italia como recompensa si vencía a Odoacro, rey de los hérulos que había depuesto a Rómulo Augústulo, último emperador romano de Occidente (476). A mediados del año siguiente, Teodorico penetró en la península Italiana al frente de su pueblo, cuyo número se estima en unas cien mil personas; tras librar diversas batallas de desenlace incierto, consiguió ocupar Rávena, acción en la que pereció Odoacro (493). Se proclamó rey de Italia (494) en esta ciudad adriática, en la cual fijó su corte, y fue reconocido como tal por el emperador bizantino Anastasio (497), a quien debía una teórica sumisión.

Pese a que mantuvo las diferencias entre los ostrogodos, de religión arriana, en cuyas manos dejó el poder militar, y los romanos, católicos, a quienes confió el poder civil dentro de un difícil equilibrio, Teodorico se sintió siempre depositario de las tradiciones e instituciones imperiales, por lo que se rodeó de consejeros latinos, como los pensadores Boecio y Casiodoro, e intentó armonizar las relaciones entre godos y romanos, para lo cual sometió a ambas comunidades a las mismas leyes.

De hecho, su gran ambición era crear un imperio germánico de Occidente, heredero del romano, que englobara a francos, vándalos, visigodos y ostrogodos. Con este objetivo, instauró una hábil política de alianzas matrimoniales entre su familia y los reyes de otros pueblos germánicos (se casó con la hermana del rey franco Clodoveo I en 493), a fin de ejercer su dominio sobre las provincias occidentales del Imperio. Si bien no llegaría a materializar su sueño, tal política lo convirtió en el principal soberano occidental de su época.

En el año 511 intervino de forma decisiva en la resolución de la crisis de la monarquía visigoda, abierta a raíz de la muerte de Alarico Ii en la batalla de Vouillé (507). El hijo natural de Alarico II, Gesaleico (507-510), usurpó el trono visigodo al hijo legítimo, Amalarico, que entonces era un niño de corta edad. Los ostrogodos, dirigidos por el general Ibbas, derrotaron a Gesaleico en repetidas ocasiones y, finalmente, lo capturaron y le dieron muerte. Depuesto el usurpador, Teodorico coronó a su nieto Amalarico (era hijo de Alarico y de su hija Tindigota) y asumió el gobierno del reino visigodo como tutor de su nieto, a quien colocó bajo la protección de Teudis, uno de sus generales. De este modo el reino visigodo, que comprendía una parte meridional de la Galia y la mitad noreste de Hispania, fue gobernado desde la corte de Teodorico en Rávena.

Durante este periodo, conocido por los historiadores como el “intermedio ostrogodo”, el reino visigodo pudo restablecer su orden interno y desplazó su centro político hacia la Península Ibérica. La regencia se mantuvo hasta la muerte del monarca ostrogodo (526), momento en que Amalarico asumió definitivamente las riendas del reino visigodo en Hispania, que se libró de la tutela ostrogoda a cambio de la cesión de la baja Provenza. La devolución del tesoro real visigodo, custodiado en Rávena durante el reinado de Teodorico, selló la independencia del reino visigodo.

Hombre de gran inteligencia, prudente pero decidido, Teodorico favoreció el desarrollo de la agricultura y del comercio y fomentó el cultivo de las artes y las letras, hasta el punto de hacer de Rávena, su capital, un destacado centro artístico y cultural. En materia religiosa, permitió la coexistencia del catolicismo y del arrianismo durante la mayor parte de su reinado, tolerancia que se truncó en los últimos años de su vida, debido a sus enfrentamientos con el Papado y con el Imperio Bizantino, que lo llevaron a ordenar el ajusticiamiento de su antiguo amigo Boecio (524) y la encarcelación del papa Juan I.

Teodorico creó asimismo el cargo de prefecto de las Hispanias, con atribuciones judiciales y fiscales, e impulsó una profunda reestructuración de la administración fiscal combatiendo duramente las prácticas corruptas. A su muerte, acaecida el 30 de agosto del 526, el estallido de un grave conflicto entre godos y romanos provocó el rápido declive del reino ostrogodo, circunstancia que aprovechó el emperador Justiniano para convertir Italia en una nueva provincia bizantina y dispersar a los ostrogodos, que desaparecieron como pueblo (555).

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