Biografía de Roman Polanski

Ya sea inspirando a más personas o siendo una pieza esencial de la acción. Roman Polanski es uno de esos sujetos cuya vida, en efecto, merece nuestra atención por el nivel de influencia que tuvo en la historia.Comprender la existencia de Roman Polanski es comprender más acerca de etapa determinada de la historia del ser humano.

Si has llegado hasta aquí es porque sabes de la trascendencia que tuvo Roman Polanski en la historia. El modo en que vivió y aquello que hizo durante el tiempo que estuvo en la tierra fue determinante no sólo para las personas que frecuentaron a Roman Polanski, sino que posiblemente dejó una huella mucho más profunda de lo que logremosfigurar en la vida de gente que tal vez jamás conocieron ni conocerán ya nunca a Roman Polanski de modo personal.Roman Polanski fue una persona que, por algún motivo, merece no ser olvidado, y que para bien o para mal, su nombre jamás debe borrarse de la historia.

Conocer las luces y las sombras de las personas destacadas como Roman Polanski, personas que hacen rodar y cambiar al mundo, es una cosa esencial para que seamos capaces de apreciar no sólo la vida de Roman Polanski, sino la de toda aquellas gentes que fueron inspiradas por Roman Polanski, personas a quienes de de una forma u otra Roman Polanski influenció, y ciertamente, entender y comprender cómo fue el hecho de vivir en el momento de la historia y la sociedad en la que vivió Roman Polanski.

Vida y Biografía de Roman Polanski

(París, 1933) Director de cine polaco. Dos años antes de que comenzara la Segunda Guerra Mundial, la familia de Roman Polanski regresó a Polonia desde Francia. Tiempo después, el director haría el viaje contrario para alejarse de un pasado que incluía la reclusión de sus padres en un campo de concentración. El cine en Polonia pasaba entonces necesariamente por la propaganda alemana, pero aún así el joven Polanski aprovechó aquellas lecciones, que le hicieron decantarse definitivamente por su vocación de cineasta. En los años cincuenta, primero apareciendo como actor en algunas películas y después estudiando en la escuela de Lodz, Polanski se fue iniciando poco a poco en el cortometraje. Allí estaban ya los rasgos de su futuro cine: el humor negro y el lado más surrealista de las relaciones humanas.

El cuchillo en el agua (1962), su primer largometraje, le convirtió en una figura reconocida internacionalmente. Era la primera película polaca de posguerra que no hablaba de la contienda. La aparición de desnudos, el peculiar estudio de los personajes y la tensión dramática a que los sometía contribuyeron a desmarcar su cine del que se había hecho en el Este hasta aquel momento. El cuchillo en el agua serviría de referente a otros títulos posteriores, como Calma total (1989), de Philip Noyce.

A pesar de haberse convertido ya en un reconocido director en Polonia, Polanski decidió irse a Francia. Allí conocería a su colaborador más asiduo, el guionista Gérard Brach, con quien compartiría su éxito internacional en dos títulos emblemáticos: Repulsión (1965) y Cul-de-sac (1966), ganadoras, respectivamente, del Oso de Plata y Oro en el Festival de Berlín. Ambas se realizaron en Inglaterra, ambas aislaban a los personajes en un hogar que se iba volviendo cada vez más hostil y ambas ahondaban en la psicología perturbada de sus protagonistas.

El baile de los vampiros (1967) se acercaba claramente al terror clásico pero sin abandonar el sentido del humor que le permitía colocar a un vampiro judío, a quien no afectan los crucifijos, junto a la historia erótica que acompaña al género. Aquí Polanski trabajó junto a su mujer, Sharon Tate, que un año después sería brutalmente asesinada por la secta de Charles Manson, justo después de que Polanski hubiera dirigido La semilla del diablo (1968), su título más carismático, rodada en el edificio de apartamentos donde sería asesinado el ex líder de The Beatles, John Lennon. La semilla del diablo, cuyos papeles fueron ofrecidos en un principio a Robert Redford y Jane Fonda, tuvo como principal acierto situar una historia demoníaca en el mismo centro de Nueva York, rodeada de acciones absolutamente cotidianas.

Al igual que anteriormente había sentido el impulso de salir de Europa, tras el asesinato de su esposa Polanski salió de Estados Unidos. En Europa completaría dos proyectos: Macbeth (1971) y ¿Qué? (1973). La primera, protagonizada por John Finch y Francesca Annis, acabó siendo financiada por Playboy, después de tratos fallidos con Allied Artists y Universal, lo que le valió no pocas críticas y una calificación X. La segunda, con Marcello Mastroianni y Sydney Rome, volvía a tener una casa (en este caso una villa) como centro neurálgico de los desatinos de un grupo de personajes; algunos la consideraron la segunda pieza de una trilogía que tenía sus otros dos vértices en Repulsión y El quimérico inquilino.

En 1974 Polanski regresó a Hollywood. Allí le esperaban el alumbramiento de uno de los clásicos del cine negro, Chinatown (1974), y un juicio por mantener relaciones sexuales con una menor, razón por la cual fue expulsado del país. De hecho, no volvería ya a Estados Unidos para evitar ser encarcelado. Chinatwon, basada en un hecho que ocurrió a finales de los años treinta, obtuvo un Oscar al Mejor Guión original, escrito por Robert Towne, además de otras diez nominaciones.

De regreso en Europa, Polanski volvió a sumergirse como actor en un guión claustrofóbico, que cambiando el género del protagonista se parecía mucho a Repulsión. Lo más brillante de la película es el juego en que se ve inmerso el espectador, intentando averiguar si la paranoia del personaje interpretado por Polanski es tal o si realmente está amenazado. El quimérico inquilino (1976), que contó también en su reparto con Isabelle Adjani y Shelley Winters, tenía uno de sus mejores golpes de efecto en la banda sonora compuesta por Philippe Sarde. En 1980 adaptó el clásico de Thomas Hardy, Tess, protagonizado por Nastassja Kinski. Visualmente, la película es una obra maestra, pero le falta la pasión que domina la obra de Hardy; aun así, obtuvo tres Oscar.

A partir de ese momento la obra de Polanski sufriría distintos altibajos. Frente a títulos comerciales como Frenético (1988), protagonizada por Harrison Ford y Emmanuelle Seigner (pareja de Polanski), se encuentran estrepitosos fracasos comerciales como Piratas (1986). La muerte y la doncella (1994) volvía a colocar la tensión en un espacio cerrado y se internaba por primera vez en el terreno de la aspiración política. Lunas de hiel (1994), sin embargo, regresaba a los escenarios marítimos (al menos en parte), al igual que lo había hecho El cuchillo en el agua, y se movía por el pantanoso terreno de los personajes de comportamiento cambiante que tanto apasionan al director y a su guionista, Richard Brach.

Años después rodó La Novena Puerta (1999), filmada en parte en España y protagonizada por Johnny Depp. La adaptación de la novela de Arturo Pérez Reverte El Club Dumas le sirvió a Polanski para volver a encontrarse con el terror psicológico y con lo demoníaco, pero, a pesar de las expectativas, la película no gozó de buenas críticas. Sí mereció reconocimiento unánime El pianista (2002), obra cumbre del cineasta polaco que logró la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2002, el premio Goya del cine español a la mejor película europea, siete premios César de la Academia francesa, dos premios Bafta británicos y tres Oscar: al mejor actor (Adrien Brody), al mejor guión adaptado y al mejor trabajo de dirección del año. La cinta también recibió el David de Donatello, máximo galardón de la cinematografía italiana.

Polanski se ha convertido, forzado por su prohibición de regresar a Estados Unidos, en un director itinerante por Europa. Sus temas son recurrentes pero atados a un espectro suficientemente amplio como para permitirle dar giros en su carrera. Es quizá esa "reclusión" europea la que le ha permitido mantenerse como un autor y salvarse de ser convertido en una pieza más del engranaje comercial estadounidense, donde una vez pareció tener una prometedora carrera.

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