Biografía de Ogodei

La historia de la civilización la narran las personas queen el paso de los años, gracias a sus obras, sus pensamientos, sus creaciones o su talento; han originado que el género humano, de una forma u otra, prospere.

Ya sea inspirando a otras personas o formando parte de la acción. Ogodei es uno de esos seres humanos cuya vida, sin duda alguna, merece nuestra atención por el nivel de influencia que tuvo en la historia. Conocer la existencia de Ogodei es comprender más sobre una época concreta de la historia del género humano.

Si has llegado hasta aquí es porque sabes de la relevancia que atesoró Ogodei en la historia. El modo en que vivió y aquello que hizo durante el tiempo que permaneció en el mundo fue determinante no sólo para quienes frecuentaron a Ogodei, sino que quizá produjo una huella mucho más honda de lo que logremos sospechar en la vida de personas que tal vez nunca conocieron ni conocerán ya nunca a Ogodei en persona. Ogodei fue una de esas personas que, por alguna razón, merece no ser olvidado, y que para bien o para mal, su nombre nunca debe borrarse de la historia.

Vida y Biografía de Ogodei

(Llamado también Ogoday, Ogodai, Ogodey o Godal; ?, 1185 - Karakoram, 1241) Gran kan de los mongoles. Era el tercer hijo de Gengis Kan, al que sucedió en 1229 por voluntad de su padre. Dos años después de haber sido nombrado Gran Kan, decidió reanudar la conquista del imperio Jin, situado en el norte de China, y que había quedado interrumpida a la muerte de Gengis Kan en 1227. Tras haber tomado varias ciudades del valle del río Wei, dos ejércitos mongoles, dirigidos por Ogodei y su hermano Tului, penetraron simultáneamente en el norte y en el sur de Henan en 1232.

Los ministros del emperador chino Lizong (1225-1264), de la dinastía Song, propusieron entonces una alianza con los mongoles, pues pensaban que así podían recuperar los territorios del norte arrebatados por los Jin.

En 1232, un ejército formado por chinos y mongoles sitió Kaifeng, la capital de Jin, que acabó por rendirse un año después. Antes de que cayera la ciudad, el emperador Jin se había refugiado más al sur, en Cai, pero perseguido por los mongoles se suicidó en 1234. Con la anexión de los nuevos territorios, el imperio de Ogodei llegaba hasta el río Huai, que había sido la frontera entre el imperio Jin y la China de la dinastía Song desde 1126. La actitud de Ogodei hacia los vencidos fue desde el principio muy distinta de la de su padre, el temible Gengis Kan, que acostumbraba a saquear las ciudades caídas en su poder y a masacrar a sus habitantes.

Este cambio de política se debió a los consejos de Yehlu Chu-tsai (1190-1244), un antiguo funcionario de los Jin, nombrado en 1229 por Ogodei gobernador de los territorios conquistados por Gengis Kan en el norte de China. Había sido educado según los principios chinos, puestos en práctica por los Jin, y supo convencer a Ogodei de que podría sacar mejor partido a los territorios conquistados si se explotaban sus riquezas en lugar de arruinarlos, y si se utilizaba su población como mano de obra. Yehlu aprovechó su experiencia como funcionario imperial para reorganizar la administración según criterios confucianos, durante los años 1229-1230.

Los mongoles por primera vez se dieron cuenta de que una administración eficaz, tal como la practicaban los chinos, podía ser más apropiada que el uso de las armas para el control del país. A partir de 1236 se estableció en los territorios ocupados un sistema de impuestos que afectaba a la población china, y se imprimió papel moneda. Siguiendo el ejemplo chino, se construyeron también graneros públicos y se uniformó el sistema de postas, que los mongoles habían adoptado en las rutas de la estepa desde 1229.

Para iniciar a la clase dirigente en los principios de la cultura china, Yehlu Chu-tsai hizo traducir al mongol los textos antiguos y mandó abrir escuelas donde los hijos de la aristocracia mongol recibían una educación adecuada a las tareas administrativas. A pesar de sus esfuerzos, los mongoles seguirían siendo una casta militar con pocos deseos de integrarse en la cultura china, de la que sólo valoraban los aspectos más prácticos, como el armamento o las técnicas.

Más atraído por la guerra que por la administración, Ogodei no se podía contentar con su victoria contra los Jin. Entre 1236 y 1239 intentó varias incursiones en la provincia de Yunnan, en territorio chino, pero no pudo mantenerse por mucho tiempo. El ejército enviado a Corea tuvo mejor suerte y consiguió el sometimiento de ese país en 1236. Al oeste, la campaña contra Persia, donde las tropas de Gengis Kan sólo habían conseguido algunas victorias sin mayores consecuencias, tuvo como resultado la ocupación del noroeste del país, en 1231.

Ogodei encargó a su sobrino Batu (que había heredado de su padre, el hijo mayor de Gengis Kan, las estepas situadas al oeste del río Irtysh) la conquista de los territorios más occidentales. Tras haber destruido el reino turco de los búlgaros, en 1237, sus tropas sometieron sin dificultad a los nómadas de la estepa rusa, y luego a los principados del centro, cuyas ciudades quemaron y arrasaron; así, por ejemplo, Kolomna (a orillas del Moskvá) o Moscú, que fue saqueada en 1238.

Al año siguiente se emprendió otra ofensiva que llevaría a los mongoles hasta Kiev y, tras su destrucción en 1240, hasta las mismas puertas de Europa. Mientras una parte de sus tropas penetraba en Polonia, otra cruzaba Hungría, para llegar cerca de Viena en 1241. Aunque la muerte de Ogodei, acontecida ese mismo año, parecía poner fin al avance de los mongoles hacia Occidente, tras la desaparición de su sucesor, Mongke (1250-1259), la coronación de Khubilai Kan en 1259 abriría la etapa definitiva de la conquista.

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Las sutilezas y las peculiaridades que ocupan nuestras vidas son en todos los casos determinantes, ya que marcan la diferencia, y en la ocasión de la vida de un ser como Ogodei, que poseyó su significación en un momento histórico concreto, es imprescindible tratar de ofrecer un panorama de su persona, vida y personalidad lo más exacta posible.

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