Miguel Grau

La historia universal está escrita por las personas queen el paso de los años, gracias a su proceder, sus ideas, sus innovaciones o su ingenio; han ocasionado quela humanidad, de un modo u otro,avance.

Ya sea inspirando a más personas o siendo parte de la actuación. Miguel Grau es uno de esos seres humanos cuya vida, en efecto, merece nuestra consideración por el grado de influencia que tuvo en la historia.Conocer la vida de Miguel Grau es comprender más acerca de etapa determinada de la historia del ser humano.

Si has llegado hasta aquí es porque sabes de la relevancia que detentó Miguel Grau en la historia. Cómo vivió y las cosas que hizo en el tiempo en que permaneció en el mundo fue determinante no sólo para quienes frecuentaron a Miguel Grau, sino que a caso dejó una señal mucho más vasta de lo que podamosimaginar en la vida de personas que tal vez jamás conocieron ni conocerán ya nunca a Miguel Grau personalmente.Miguel Grau fue uno de esos seres humanos que, por algún motivo, merece ser recordado, y que para bien o para mal, su nombre nunca debe borrarse de la historia.

Apreciar lo bueno y lo malo de las personas relevantes como Miguel Grau, personas que hacen rodar y cambiar al mundo, es algo básica para que podamos valorar no sólo la existencia de Miguel Grau, sino la de todos aquellos y aquellas que fueron inspiradas por Miguel Grau, aquellas personas a quienes de de una u otra forma Miguel Grau influenció, y por supuesto, comprender y entender cómo fue el hecho de vivir en el momento de la historia y la sociedad en la que vivió Miguel Grau.

Vida y Biografía de Miguel Grau

(Miguel María Grau Seminario; Paita, 1834 - Punta Angamos, 1879) Marino y militar peruano. Apasionado del mar desde la niñez, desarrolló una refulgente carrera militar en la marina y llegó a ser diputado. Sus destrezas como estratega, tal como su lealtad y su heroísmo, relucieron especialmente en la Guerra del Pacífico (1879-1883), que encaró a Perú y Bolivia contra Chile.

El océano fue al comienzo el más importante ámbito de aquella guerra, donde era patente la supremacía de la armada chilena, dotada de embarcaciones modernas y bien pertrechadas. La marina peruana solamente tenía 2 barcos blindados con varios años de antigüedad, que presentaban inconvenientes especialistas y de cuidado, exactamente la misma sus viejas corbetas y cañoneras.

Más allá de ello, entre los barcos peruanos, el Huáscar, protagonizó entre los capítulos mucho más heroicos de la contienda. Comandado por el almirante Miguel Grau, el Huáscar realizó una genuina guerra de guerrillas marítima contra las naves chilenas en 1879. Mediante imprudentes acciones sorpresa en las que hundió distintas embarcaciones oponentes y bombardeó puertos en poder de Chile, el almirante Grau sostuvo a raya a lo largo de meses a los barcos contrincantes, impidiendo con esto el desembarco de las tropas chilenas en territorio peruano.

Al entorpecer el transporte de tropas y provisiones que se dirigían hacia el norte, el Huáscar se transformó en la pesadilla de los chilenos. Imposibilitado de proseguir la campaña con regularidad, el mando chileno dio la orden de eliminar o atrapar el buque. Dos blindados y tres corbetas de la armada chilena lo aguardaron en la mañana del 8 de octubre de 1879 en Punta Angamos, cerca de la ciudad de Mejillones. En los primeros intercambios de artillería el Huáscar quedó inmovilizado y Miguel Grau perdió la vida. El resto de la tripulación fue capturada y la embarcación arrastrada hasta el puerto de Valparaíso. El encontronazo psicológico de esta derrota fue muy negativo para la ética de las tropas aliadas peruano-bolivianas.

Biografía

Hijo del teniente coronel Juan Manuel Grau Berrío, de ascendencia catalana, y de Luisa Seminario del Castillo, descendiente de viejas familias de la zona, la niñez de Miguel Grau transcurrió en Piura y después en el puerto de Paita, en el momento en que su progenitor fue nombrado vista de aduana.

En 1843, siendo todavía un niño, el pequeño Miguel se embarcó en una goleta dirigida por Ramón Herrera, enorme amigo de su padre, que hacía un viaje de Paita a Panamá. Lamentablemente la goleta naufragó y, a su regreso al hogar, su madre no se encontraba preparada para permitir ahora nuevos embarques. Ingresó en el instituto de Nieto, en el que, según uno de sus biógrafos, Fernando Romero Pintado, "Miguel se torna taciturno. En el instituto está siempre y en todo momento distraído, mudo, prácticamente arisco. Merodea por la playa solamente acaban las clases y en los días de vacaciones".

Contaba once años en el momento en que doña Luisa, su madre, aceptó que volviese a atravesar los océanos. Recorrió entonces todos y cada uno de los mares y a lo largo de nueve años (según el historiador Alberto Tauro del Pino) el joven Grau "atraviesa mares de Asia, Europa y América en distintos transportes y aun en buques balleneros". Al regresar al Perú (1853) se residió en Lima, donde fue alumno del poeta español Velarde y estudió para entrar en la Marina.

El 14 de marzo de 1854, con diecinueve años, se transformó en guardiamarina y vistió por vez primera el traje que cubriría de gloria. Navegó en los vapores Rímac, Vigilante y Ucayali antes de ser movido a la fragata Apurímac, donde sirvió con Lizardo Montero, otro ilustre marino piurano. Cuando prestaba servicio en la Apurímac, el comandante de esta nave apoyó la revolución del general Manuel Ignacio de Vivanco. Tras el fracaso del movimiento, y adjuntado con otros jóvenes oficiales que formaban una parte de la tripulación, Miguel Grau fue separado del servicio (1858) y volvió a la marina mercante.

De guardiamarina a diputado

Llamado de nuevo, regresó a la Marina el 11 de septiembre de 1863, casado ahora con Dolores Cavero, quien le dio nueve hijos. Ascendió a teniente segundo y el 4 de diciembre del mismo año a teniente primero, para pasar pocos meses después a capitán de corbeta. Enviado a Europa para traer la corbeta Unión, llegó a Valparaíso en 1865, año en que fue ascendido a capitán de fragata, y desde el puerto chileno apoyó la revolución del coronel Mariano Ignacio Prado.

Siempre y en todo momento a cargo de la corbeta Unión, participó en el combate naval de Abtao (7 de febrero de 1866), y prosiguió hacia el sur hasta los canales de Chile, para aguardar las novedosas naves adquiridas en Inglaterra. Cuando Prado, postergando a refulgentes marinos peruanos, contrató al contraalmirante estadounidense John Tucker para dirigir la Armada, Grau protestó y presentó su renuncia, actitud que fue considerada como rebeldía. Fue preso en la isla de San Lorenzo y continuó allí hasta el momento en que, tras un largo juicio, salió absuelto.

Pasó de nuevo a ejercer su profesión de marino en la actividad privada y tuvo el mando del vapor mercante Puno, propiedad de la Compañía Inglesa. A finales de 1867 regresó a la Marina en calidad de comandante del monitor Huáscar. El 25 de julio del año siguiente fue ascendido a capitán de navío y el 19 de abril de 1873 a capitán de navío efectivo, siendo después, a lo largo de siete meses, comandante general de la escuadra de evoluciones. Pasó entonces a ocupar el prominente cargo de comandante general de la Marina.

En 1872, al iniciarse la revolución de los hermanos Gutiérrez, Grau encabezó el pronunciamiento de la Marina en oposición a la dictadura. Al no ser escuchado para reorganizar y actualizar la Armada, ingresó en la política y fue escogido diputado por Paita en el periodo comprendido entre 1876 y 1878.

La Guerra del Pacífico

En 1879 reventó la Guerra del Pacífico, asimismo llamada Guerra del Salitre. En aquella contienda Perú y Bolivia se confrontaron contra Chile por el control de la zona ubicada al norte del desierto de Atacama, riquísima en salitre. El primer enorme ámbito del enfrentamiento fue el mar, el único medio a través del que podían moverse los ejércitos. Chile tenía una escuadra mayor a la del Perú, y la flota de Bolivia era inexistente. Cuando Chile declaró la guerra al Perú, Grau aceptó regentar la primera división naval aun a propósito de la superioridad que tenía la escuadra chilena en tonelaje, número de navíos, cañones y espesor de blindaje, en frente de la debilidad y estado deplorable de las entidades peruanas.

A lo largo de seis meses Miguel Grau, a cargo del monitor Huáscar, conseguiría evitar el desembarco de las tropas chilenas en el territorio peruano. Inició su campaña en el mes de mayo del mismo año y en su primera acción, el combate naval de Iquique, hundió la corbeta chilena Esmeralda, capitaneada por Arturo Prat, que resistió heroicamente. Miguel Grau salvó a los náufragos, lo que logró que uno, al llegar a la cubierta del Huáscar, gritara complacido: "Viva el Perú desprendido".

El Huáscar efectuó en los meses siguientes una sucesión de acciones espectaculares en frente de una escuadra tan vigorosa como la chilena. Apresó transportes contrincantes, incautó carbón de puertos chilenos y despistó todo el tiempo a los buques contrincantes que recorrían la costa en su busca. El congreso ascendió a Grau al nivel de contraalmirante el 26 de agosto de 1879.

La guerra de Angamos

El primero de octubre de 1879, en la que iba a ser su última partida, el Huáscar partió del puerto de Iquique, donde el transporte Rímac había desembarcado tropas bajo su protección. Apresó una goleta al sur de Huasco y el día 5 se encontraba ahora en la costa de Coquimbo, territorio chileno. La marina chilena había nuevo los mandos y ordenado su flota en 2 divisiones para apresar al ahora célebre navío. Su plan tuvo éxito el 8 de octubre de 1879, en el momento en que descubrieron al Huáscar en mar adentro, en frente de Punta Angamos, acompañado de la Unión, en viaje hacia el norte.

La flota chilena, compuesta por seis navíos todos ellos superiores al Huáscar en blindaje y capacidad de fuego, formaron un círculo para batirse con el buque insignia de la marina peruana. Grau ordenó a la Unión retirarse para distraer la flota oponente, lo que se logró en parte pues 2 corbetas chilenas salieron en su persecución. La Unión fue mucho más rápida y logró huír; el Huáscar, en cambio, fue encarado por el Cochrane, que con sus poderosos cañones logró perforar el blindaje del casco y la torre de mando.

El comandante Grau murió despedazado. El mando pasó a Elías Aguirre, que asimismo murió. Correspondió el momento al teniente primero Melitón Rodríguez. Caído asimismo él, tocó el mando al teniente Pedro Garezón, quien conversó resumidamente con tres oficiales que quedaban vivos y ordenó hundir la nave pues ahora estaba inmovilizada. Los maquinistas abrieron las válvulas, pero las imperfecciones de la maquinaria paralizaron la inmersión, dando tiempo a que llegaran los buques contrincantes, abordaran el monitor y detuviesen su hundimiento. Miguel Grau pasó a la inmortalidad como un marino estratega y intrépido pero espléndido, que cumplió con sus proféticas expresiones: "si el Huáscar no vuelve triunfante al Callao, tampoco yo retornaré".

Colabora para ampliar la biografía de Miguel Grau

¿Qué juicio te merece la vida de Miguel Grau? ¿Has hallado todo aquello que esperabas hallar?

Sin duda alguna conocer profundamente a Miguel Grau es algo que se reserva a un grupo limitado de personas, y que tratar de reconstruir la persona que fue y el modo en que vivió la vida de Miguel Grau es una suerte de puzzleque tal vez lleguemos a rehacer si cooperamos todos en conjunto.

Por ese motivo, si eres de aquellos que confían en que de forma cooperativa se puede hacer algo mejor, y detentas información sobre la existencia de Miguel Grau, o en relación con algún particularidad de su persona u obra que no se contemple en esta biografía, te solicitamos que nos lo envíes.

Los matices y las sutilezas que llenan nuestras vidas son decididamente imprescindibles, ya que destacan la singularidad, y en la ocasión de la vida de un ser como Miguel Grau, que tuvo su relevancia en una época determinada, es imprescindible procurar mostrar una visión de su persona, vida y personalidad lo más rigurosa posible.

Sin dudarlo, contacta con nosotros para narrarnos qué sabes tú acerca de Miguel Grau. Estaremos ilusionados de completar esta biografía con más información.