Biografía de Michel Fokine

Ya sea inspirando a más personas o tomando parte de la acción. Michel Fokine es uno de esos seres humanos cuya vida, indudablemente, merece nuestra atención debido al grado de influencia que tuvo en la historia.Comprender la existencia de Michel Fokine es comprender más acerca de un periodo concreto de la historia de la humanidad.

Las biografías y las vidas de personas que, como Michel Fokine, atraen nuestro interés, tienen que ayudarnos en todo momento como referencia y reflexión para ofrendar un marco y un contexto a otra sociedad y otra etapa de la historia que no son las nuestras. Intentar comprender la biografía de Michel Fokine, porqué Michel Fokine vivió del modo en que lo hizo y actuó de la forma en que lo hizo en su vida, es algo que nos impulsará por un lado a entender mejor el alma del ser humano, y por el otro, el modo en que se mueve, de forma inexorable, la historia.

Vida y Biografía de Michel Fokine

(Mijaíl Mijaílovich Fokin; San Petersburgo, 1880 - Nueva York, 1942) Bailarín y coreógrafo ruso. La figura de Fokine aparece indisolublemente unida a la del empresario Sergei Diaghilev y sus Ballets Rusos, para los cuales realizó las coreografías de las obras más importantes y renovadoras del género en el siglo XX.

Ingresó en 1889 en la Escuela de Ballet del Teatro Imperial Marinsky de San Petersburgo, en la que se graduó en 1898, y, casi inmediatamente, pasó a formar parte de la compañía. Pronto destacó por su magnífica técnica y expresividad, lo cual le permitió ascender a bailarín solista en 1904 y a profesor de la escuela al año siguiente. Casi de modo simultáneo, Fokine comenzó su carrera como maestro y coreógrafo, con los ballets Sueño de una Noche de Verano (Mendelssohn, 1902), Acis y Galatea (Kadletz, 1905) y La Viña (Rubinstein, 1906), puestos en escena por sus propios alumnos.

En 1905, la bailarina Anna Pavlova le encargó un ballet para un concierto en el Salón de los Nobles de San Petersburgo. Fokine creó para ella La Muerte del Cisne (Saint-Saëns, 1905), un solo de dos minutos que se convirtió en el símbolo de la nueva reforma del ballet ruso, tendente a abandonar las fórmulas clásicas de Marius Petipa. Fue el principal protagonista del éxito en Occidente del ballet ruso, posiblemente muy influido por la antitécnica de Isadora Duncan, aunque su revolucionario estilo no causó mella alguna en el conservador público ruso.

Según él, la única razón de ser de la técnica era servir a la expresión, y la música debe confiarse a compositores verdaderos y no a simples profesionales de la composición; sólo así el ballet alcanzaría una completa unidad de expresión de todos sus elementos. De esta forma, cuando en 1909 Sergei Diaghilev le invitó a unirse a los Ballets Rusos como coreógrafo principal, Fokine aceptó de buen grado, pues por fin podría poner en práctica sus ideas, que rechazaban la mímica convencional y abogaban por la integración de la danza, música, argumento, escenografía y vestuario en una sola unidad.

Para esta compañía creó un importante repertorio con numerosas coreografías. Aunque continuó realizando trabajos esporádicos para el Teatro Marinsky, Fokine no regresó a San Petersburgo hasta 1914, cuando rompió sus relaciones con Diaghilev por haber sido relegado a un segundo plano en beneficio de Vaslav Nijinsky, que comenzaba su carrera coreográfica. Permaneció en Rusia hasta 1918, produciendo nuevos ballets: Eros (Tchaikovsky, 1915), Francesca da Rimini (Tchaikovsky, 1915), El aprendiz de brujo (Dukas, 1916), Jota Aragonesa (Glinka, 1916) y Ruslan y Ludmila (Glinka, 1917), entre otros.

En 1923, al comienzo de la revolución rusa, se instaló en Nueva York, desde donde viajó a Europa en numerosas ocasiones para remontar algunos de los ballets creados para la compañía de Diaghilev, así como para poner en marcha nuevas coreografías. Poco antes de su muerte comenzó a montar en Nueva York el ballet cómico Helena de Troya, que terminó de coreografiar David Lichine y fue estrenado en México el 10 de septiembre de 1942. Estuvo casado con la bailarina del Teatro Marinsky Vera Fokina, y el hijo de ambos, Vitale Fokine, fue durante mucho tiempo maestro de ballet en Nueva York. Su concepción del ballet como un todo unitario de danza, música y pintura ha ejercido una gran influencia.

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