Clint Eastwood

La historia del mundo la narran aquellas personas queen el transcurrir de los siglos, gracias a sus obras, sus pensamientos, sus creaciones o su talento; han ocasionado quela sociedad, de una forma u otra,avance.

Ya sea inspirando a más personas o siendo parte de la actuación. Clint Eastwood es uno de esos sujetos cuya vida, indudablemente, merece nuestro interés por el grado de influencia que tuvo en la historia.Conocer la existencia de Clint Eastwood es comprender más acerca de época determinada de la historia de la humanidad.

Si has llegado hasta aquí es porque tienes conocimiento de la trascendencia que tuvo Clint Eastwood en la historia. La manera en que vivió y las cosas que hizo durante el tiempo que estuvo en la tierra fue determinante no sólo para quienes conocieron a Clint Eastwood, sino que tal vez legó una señal mucho más honda de lo que logremosimaginar en la vida de personas que tal vez nunca conocieron ni conocerán ya jamás a Clint Eastwood de modo personal.Clint Eastwood ha sido una de esas personas que, por algún motivo, merece no ser olvidado, y que para bien o para mal, su nombre nunca debe borrarse de la historia.

Conocer lo bueno y lo malo de las personas significativas como Clint Eastwood, personas que hacen rodar y cambiar al mundo, es algo esencial para que podamos poner en valor no sólo la vida de Clint Eastwood, sino la de toda aquellas gentes que fueron inspiradas por Clint Eastwood, gentes a quienes de de una forma u otra Clint Eastwood influyó, y ciertamente, entender y comprender cómo fue vivir en la época y la sociedad en la que vivió Clint Eastwood.

Vida y Biografía de Clint Eastwood

(San Francisco, 1930) Actor y cineasta estadounidense. Tras terminar los estudios primarios, en medio de una época de la Gran Depresión, debió ganarse la vida en distintos trabajos: fue leñador, albañil y obrero metalúrgico. Después de pasar 4 años en el ejército, desde 1954 trató de hacerse un espacio en Hollywood como actor secundario. Debutó en la Universal, en títulos relacionados con la serie La mula Francis; su primera actuación fue en Francis Joins the WACS (1954), de Arthur Lubin, a la que prosiguieron ciertos trabajos para la televisión.

Pero fue en Italia donde logró popularidad y fortuna con el personaje del "Hombre sin nombre", el héroe de los espectaculares westerns de Sergio Leone: Por un puñado de dólares estadounidenses (1964), La muerte tenía un precio (1965), y El bueno, el feo y el malo (1966), consideradas proyectos preceptivas del spaghetti western (producciones de bajo presupuesto fundamentadas en el western americano efectuadas en Europa, singularmente en Italia).

De las tres, El bueno, el feo y el malo es el spaghetti western más especial, entre la contundente eficiencia expositiva de las precedentes y la grandilocuencia bien entendida de la posterior Hasta que llegó su hora (1968). Con el trasfondo lejano de la guerra de Secesión, tres maleantes sin escrúpulos populares por los sobrenombres del título se ocupan de continuar separadamente la pista que les lleve a la ubicación de un botín, sembrando de cadáveres los áridos panoramas que atraviesan. En lo relacionado a la imagen, es una película asombroso tanto en lo que se refiere a la planificación como a la fotografía en tecnicolor y en el panorámico Techniscope, obra de Tonino delli Colli, o en el vigoroso montaje de Nino Baragli. Filmada en Almería, la banda sonora de Ennio Morricone merecería por sí misma todos y cada uno de los honores.

Esta clase de trilogía lanzó a Eastwood al estrellato, ayudándolo a consolidar su imagen. Su carisma, su perfil prominente y algo desgarbado y un rostro seco, con una achicada gama de movimientos si bien de enorme expresividad, le transformarían transcurrido el tiempo en entre los actores mucho más apreciados de Hollywood.

De regreso a los Estados Unidos, Eastwood creó la productora Malpaso y incrementó su prestigio desde su colaboración con el directivo Don Siegel, de manera especial a través del personaje de Harry Callahan, un policía con formas muy particulares, duro, violento, autosuficiente y no desprovisto de cinismo. El primer título de esta serie fue Harry el Sucio (1971), largometraje que le dio el espaldarazo definitivo y del que se rodarían 4 consecuencias.

Harry Callahan es el arquetipo del rudo y violento defensor a ultranza de la ley. Hombre de acción, violento y amargado, se toma la justicia por su mano y no posee otra salida que sublevarse contra las reglas que considera injustas. Movido por su ley, respeta poco o nada las resoluciones de la autoridad. En Harry el Sucio, Eastwood comienza persiguiendo a un asesino, pero, tras detenerlo, la justicia lo pone otra vez en independencia. Callahan no se compone con esta resolución y empieza su guerra especial contra el criminal, que acaba con la desaparición de éste; entonces, Callahan tira su placa al suelo.

Calificada por la crítica como película de tono fascistoide, sus fieles solo ven en Callahan a un personaje desarrollado basado en los principios del mucho más puro romanticismo, con su ética, independencia de reglas y independencia de acción. Poco a poco, en las próximas películas, el personaje adquirió mayor sentido del humor y perdió una parte de su crueldad. Las siguientes entregas serían Harry, el Fuerte (1973), de Ted Post, sobre un guion de John Milius y Michael Cimino; Harry, el Ejecutor (1976), de James Fargo; Impacto súbito (1983) apuntada por él mismo; y La lista negra (1988) de Buddg Van Horn.

Durante los años setenta, Eastwood trabajó para otras productoras con las que consiguió esenciales éxitos, como La historia de historia legendaria de la región sin nombre (1969), con dirección de Joshua Logan, un western atípico rodado en clave musical que sin embargo logró conectar en la mayoría de los casos con el público. Eastwood dio muestras de tener un particular olfato cinematográfico no solo para intervenir en grabes que le daban dinero y popularidad, sino más bien asimismo para conocer valores jóvenes a los que ofreció la posibilidad de intervenir en un cine con esencial proyección comercial; es la situacion Michael Cimino, con quien trabajó en Un botín de 500.000 dólares estadounidenses (1974).

En el lote de la interpretación, Eastwood se iba transformando en un actor que entroncaba con la vieja tradición de Hollywood, un artista cuya presencia se hacía sentir en la taquilla y que lograba dotar de personalidad a las películas. Todavía en los 90, mucho más de un título logró un triunfo de público y hasta buenas críticas a consecuencia de la interpretación de Eastwood; tal es la situacion de En la línea de fuego (1993), de Wolfgang Petersen, donde encarnaba a un guardaespaldas presidencial a quien los años empiezan a pesarle física y éticamente.

Como directivo, Clint Eastwood se ganó de a poco el respeto de la crítica por su tradicional enfoque de la realización y por su aptitud para conducir la acción con fluidez, sin restar por este motivo hondura sicológica a los individuos ni fuerza trágica y humana a los enfrentamientos planteados. En oportunidades sumó a su tarea de directivo la de intérprete de sus grabes, sin que una actividad ahogase a la otra.

Empezó con Escalofrío en la noche (1971) y, desde mediados de los ochenta, una secuencia de títulos relevantes probaron su valía como realizador. Así, dirigió y protagonizó El jinete pálido (1985), un western de reminiscencias bíblicas donde logró actualizar un género que parecía fatigado por el cambio de los deseos del público. Su película Bird, fundamentada en la vida del saxofonista Charlie Parker (papel brillantemente interpretado por Forest Whitaker) consiguió en 1988 un enorme éxito en todo el mundo y incrementó el respeto de la crítica. En 1989 dirigió y protagonizó un largometraje que no llegó a conseguir todo el éxito que se suponía, pero que probó su valentía y singularidad en el momento de elegir los planteamientos: Cazador blanco, corazón negro. Inspirada en el rodaje de La reina de África, la mítica película de John Huston, Eastwood se reservó el personaje del propio Huston, de cuya personalidad efectuó un certero análisis.

La fértil y al unísono sugestiva carrera de Clint Eastwood como directivo halló en 1992 una de sus expresiones mucho más terminantes en la irreproducible Sin perdón. Dedicado a Sergio Leone y Don Siegel, profesores de los comienzos de Eastwood en el cine como actor, Sin perdón es un western que, décadas tras la visible muerte del género, logra recobrar y catalogar toda la tradición del mismo y de nuestra carrera de Eastwood. Desde los fordianos planos en que las mujeres se distribuyen en una dolorosa coreografía en los porches del poblado para poder ver llegar a los personajes principales, esta pieza maestra de Eastwood es un sombrío y crepuscular paseo por el cansancio del héroe y su irrealizable redención.

Eastwood es el viejo pistolero con un pasado teñido de sangre, enterrado bajo el peso del horror vivido, que procura subsistir apartado de todos, sacando adelante a los 2 hijos que tuvo con la única mujer que ha podido adecentar su conciencia y el mal y la desaparición que produjo en su juventud. Solicitado para vengar una injusta agresión a una prostituta, Eastwood volverá a estar comunicado con el planeta de nuevo en un sobrecogedor martirio, en el que debe ponerse en lamentable contacto con su parte mucho más obscura, una aventura irrealizable donde tiene como compañeros a un viejo amigo asimismo apartado de las armas (el increíble Morgan Freeman) y a un joven pistolero corto de vista y cándidamente fascinado por la historia de historia legendaria de su guía.

Sin perdón es un western de inigualable clasicismo, directo y transparente, irreprimiblemente lírico; pero es asimismo, al tiempo, una sórdida catástrofe llena de estruendos y furia, indudablemente beligerante, donde la pureza de los objetivos no se utiliza para redimir el caos y el odio que nutre el alma de su personaje principal: la ordalía destructora de su estallido final, verídica evocación infernal sumergida en el omnipresente tenebrismo visual que encabeza la película, resulta no solo desconsoladora en el contexto de la ficción, sino más bien asimismo en relación sombría observación del tiempo de crueldad que se respiraba en Estados Unidos en la época Bush. La cinta recibió, entre otros muchos, el Oscar a la mejor película y a la mejor dirección, y consagró a Clint Eastwood como a entre los mucho más sabios cineastas actualmente.

Si Sin perdón es el western definitivo de Eastwood, en cierta forma Los puentes de Madison (1995) fue su drama definitivo, en una década en que el talento creativo de su directivo estaba en irreproducible estado de felicidad. Los puentes de Madison es una valeroso iniciativa melodramática sostenida tan solo en el cariño al cine, un prolongado rondó entre 2 individuos (nuestro Eastwood y una increíble Meryl Streep) que evolucionan frente a una cámara maravillada por todos los movimientos, de las miradas, de las expresiones que se dirigen mutuamente.

La tremenda catarsis emotiva que es con la capacidad de suscitar Eastwood mediante la imagen queda transparentemente revelada en el arrebatador tercio final, en el que el suspense sentimental consigue cotas de insólita desnudez, algo que asimismo está en la magnífica Un planeta especial (1993), melodramático thriller de iniciación sentimental entre un reo fugado (Kevin Costner) y un niño secuestrado por éste en su escapada. El aplastante clasicismo de Eastwood le transporta, durante su filmografía, a una impoluta restauración de las mejores tradiciones del cine estadounidense, con una admirable honestidad estética y ética, algo que, como ahora se dijo, proviene de las apasionadas enseñanzas aprendidas de John Ford, tal como de sus hermanos de sangre Siegel y Leone.

Después de múltiples décadas de experiencia, Clint Eastwood se considera un profesor de la dirección, e inclusive se puede ver que su trabajo interpretativo ha mejorado con los años. Artísticamente ambicioso, su estilo aspira siempre y en todo momento perfectamente, tanto interpretativa como de dirección, búsqueda que no estuvo reñida con el éxito de taquilla. Entre sus últimas películas sobresalen la citada Un planeta especial (1993), Medianoche en el jardín del bien y del mal (1997), Ejecución inminente (1999) y Space Cowboys (2000).

Mystic River (2003) recibió múltiples premios tanto en los Globos de Oro como en los Oscar, más que nada para sus actores masculinos, Sean Penn y Tim Robbins. Lo mismo ocurrió con Million Dollar Baby (2004), un drama trágico sobre una mujer que se empecina en ser boxeadora con el objetivo de vencer en la vida, para lo que entabla una intensa relación con un ex- púgil que se ocupa de entrenar. Protagonizada por nuestro realizador, y por Morgan Freeman y Hilary Swank, la película consiguió 4 estatuillas en la edición 2005 de los Premios Oscar: mejor directivo, mejor película, mejor actriz y mejor actor de reparto.

En 2006, el actor y cineasta dirigió Banderas de nuestros progenitores y Cartas desde Iwo Jima, 2 grabes que remiten a un mismo instante de la historia (la guerra de Iwo Jima, en el final de la Segunda Guerra Mundial), pero visto en el primer caso desde la visión estadounidense y en el segundo desde la de Japón. Con 76 años, Eastwood daba un nuevo giro de tuerca a su extendida carrera con una profunda meditación sobre la esencia del heroísmo, analizado desde una posición de absoluta independencia.

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A causa de esto, si eres de aquellos que confían en que colaborando se puede crear algo mejor, y tienes información con respecto a la existencia de Clint Eastwood, o en relación con algún matiz de su personalidad u obra que no se contemple en esta biografía, te pedimos que nos lo hagas llegar.

Los matices y las sutilezas que ocupan nuestras vidas son en todos los casos determinantes, ya que destacan la singularidad, y en el tema de la vida de un ser como Clint Eastwood, que tuvo su trascendencia en una época concreta, es esencia intentar mostrar un panorama de su persona, vida y personalidad lo más rigurosa posible.

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