Clemente de Alejandría

La historia de la civilización la cuentan aquellas mujeres y hombres quea lo largo del tiempo, gracias a sus obras, sus pensamientos, sus creaciones o su talento; han hecho quela sociedad, de una forma u otra,avance.

Ya sea inspirando a otros o formando parte de la acción. Clemente de Alejandría es una de las personas cuya vida, sin duda alguna, merece nuestra atención debido al grado de influencia que tuvo en la historia.Conocer la vida de Clemente de Alejandría es conocer más sobre un periodo concreto de la historia del ser humano.

Las biografías y las vidas de personas que, como Clemente de Alejandría, cautivan nuestro interés, deben ayudarnos en todo momento como referencia y reflexión para conferir un marco y un contexto a otra sociedad y otra etapa de la historia que no son las nuestras. Tratar de entender la biografía de Clemente de Alejandría, el motivo por qué Clemente de Alejandría vivió de la forma en que lo hizo y actuó del modo en que lo hizo durante su vida, es algo que nos ayudará por un lado a entender mejor el alma del ser humano, y por el otro, el modo en que se mueve, de forma inevitable, la historia.

Vida y Biografía de Clemente de Alejandría

(Tito Flavio Clemente; Atenas, c. 150 - Antioquía, c. 213) Padre de la Iglesia griega. Discípulo de Panteno, al que sucedió en la cátedra de la escuela catequética de Alejandría, se vio obligado a escapar a Capadocia por las persecuciones de Septimio Severo. Influido por el platonismo medio, estudió las relaciones entre el cristianismo y la filosofía griega y fue el iniciador de la elaboración científica de la teología. Es creador de El pedagogo, Protréptico a los helenos y Stromata.

Primer doctor de la Iglesia, Clemente de Alejandría pertence a las figuras mucho más visibles de la literatura (y, en determinados puntos, asimismo de la especulación) griega cristiana del siglo III. Pagano y también hijo de progenitores que asimismo lo eran (aun en el momento en que probablemente iniciado en los secretos), se transformó al cristianismo no entendemos cuándo ni exactamente en qué situaciones. Acerca de esto, no obstante, puede proyectar alguna luz una de sus proyectos, el Protréptico a los helenos (obra apologética que exhorta a los paganos a abrazar el cristianismo), si tomamos en cuenta la atormentada humanidad que se esconde bajo la composición polémica y el ímpetu arrollador de su victoriosa afirmación de la religión cristiana.

Clemente viajó de manera prolongada por Grecia, Italia, Siria, Palestina y Egipto en pos de una enseñanza que apagase su sed enserio; la halló en la escuela catequética de Alejandría, llamada "Didaskaleion" y apuntada por Panteno, cuyas tendencias místicas y al unísono racionales, adjuntado con su exégesis alegórica y filosófica, conquistaron prontísimo su alterado espíritu. Tras haberse dedicado con Panteno a la profesión enseñante, le sucedió a su muerte (ocurrida hacia 190) en la dirección del popular centro, que de él había recibido nuevo esplendor.

Sus precisamente veinte años de enseñanza religiosa en el "Didaskaleion" formaron el periodo de tiempo mucho más fecundo de su historia; a tal actividad, creada frente a una heterogénea concurrencia de paganos, catecúmenos, retóricos, pensadores, jóvenes ricos y mujeres distinguidos que llenaba la escuela, se entregó con la vocación de un apóstol, movido prácticamente por una inspiración divina y poniendo en la conquista de las ánimas el ardor jubiloso de una fe honesta y el atractivo de su temperamento ilusionado, como un especial conocedor de todo el mundo y la vida que, exactamente por este motivo, se inclinaba a la indulgencia y a la entendimiento.

A lo largo de la persecución de Septimio Severo, en 202, debió dejar Alejandría y buscar cobijo en otras partes; lo encontraría en Capadocia, con lo que no regresó ahora nunca a aquella localidad. Clemente tuvo un extenso conocimiento de la literatura y la filosofía griegas, y fue convencido y entusiasta defensor de la necesidad de conciliar o, mucho más bien, aliar la civilización filosófica helénica (juzgada por él una suerte de preparación perfectamente cristiana) con la religión de Jesucristo; y de este modo, cabe estimar su fe como un cristianismo filosófico o una suerte de gnosis cristiana, como se desprende particularmente de la tercera de sus proyectos, las Stromata (Misceláneas), que con el Protréptico y El pedagogo, forma una trilogía.

El Protréptico o "exhortación" forma de hecho la sección primera de una enorme obra apologética que San Clemente se había propuesto redactar en defensa del cristianismo. El creador se dirige a los paganos demostrándoles lo vanos que son los mitos y las leyendas griegas y lo muy superior que es la filosofía cristiana a la pagana: empieza atacando los secretos y los oráculos que de tanta seguridad disfrutaban entre sus contemporáneos y que tenían en la religión pagana relevancia quizás mayor que exactamente las mismas divinidades; pasa después gaceta a todos y cada uno de los dioses, desde los de la vieja mitología griega a los egipcios, y revela de nuevo, como todos y cada uno de los apologistas cristianos, el término expresado por vez primera por Evemero de Mesina de que los dioses no son mucho más que hombres divinizados.

Comentando de los cultos, de los sacrificios y de las imágenes, San Clemente nota con agudeza la relevancia que había tenido el arte en el avance del paganismo para pasar a charlar después de la filosofía, que conoce los inconvenientes y los tormentos del alma, pero no sabe hallar para ellos aquella contestación exitosa que está, en cambio, en la Sagrada Escritura. La obra se cierra con una extendida y ardentísima exhortación a los paganos a abrazar el cristianismo, la única fe en que el alma humana puede hallar la paz y la tranquilidad: y esta exhortación está dictada por un sentimiento verdadero, profundo y entusiasta, que se expresa en ciertos instantes con acentos realmente líricos. Su estilo es mucho más bien enérgico, adornado con todos y cada uno de los postizos atavíos del arte retórico al que el creador se expone muy esquivo en sus proyectos siguientes.

En El pedagogo, el creador se ha propuesto no solo crear un tratado sistemático de ética cristiana, sino más bien sugerir a los novatos un procedimiento práctico de educación, consistente en ponerse de manera directa bajo la guía del "Logotipos", el Verbo divino. El primer libro de la obra, que es el mucho más riguroso, mucho más original y más esencial, está destinado a la persona del pedagogo; Jesús de Nazaret, el auténtico y sumo educador, ha guardado para sí el cometido de catequizar a los hombres, que frente él están en la condición de pequeños necesitados de su palabra, sin las distinciones de las facultades espirituales y de las habilidades que, construídas por la enorme filosofía griega, habían sido después precisadas por los nósticos.

Objeto de la educación es, para Clemente, regentar a los hombres según la realidad y conducirlos a la suma beatitud, o sea, a la contemplación de Dios. En el segundo y tercer libros, el creador pasa gaceta a los vicios mucho más difundidos en la sociedad de su tiempo, o sea, el exitación, el lujo de la vida, de las viviendas, de los vestidos, el elevado precaución y culto de la hermosura física. Además de su valor ética, estos 2 libros, que derivan probablemente de proyectos el día de hoy perdidas, son visibles por su espíritu de observación y por la vivacidad verdadera con que el creador retrata hombres, hechos y prácticas de la sociedad alejandrina de su tiempo.

A estos escritos debía proseguir El profesor, que habría contenido toda la enseñanza doctrinal del cristianismo, guardado a la aristocracia intelectual que se encontrase bien preparada para ser iniciada en los "enormes secretos". En rincón de este tratado, proyectado y reiteradamente comunicado por San Clemente, encontramos los Stromata, grande y confusa obra en siete u ocho volúmenes que tiene dentro sin orden ni conexión aparente las doctrinas mucho más dispares y los temas mucho más diversos. El propio título, a primer aspecto tan extraño, enlaza esta obra con un género de literatura en rema en tiempos del creador, fruto de la erudición y consistente en compilaciones, antologías, manuales y compilaciones de todo género, de temas y temas múltiples, yuxtapuestos sin nexo de orden ni de estilo.

seguramente, el creador, en el instante de hacer un tratado de la doctrina cristiana, juzgando que solo en la filosofía griega podía tomar el ejemplo de un procedimiento y un sistema, se halló en la necesidad de enfrentar un inconveniente bastante discutido por entonces, esto es el líder a las relaciones entre la filosofía griega y el cristianismo. Los 2 primeros libros de los Stromata están aplicados a la resolución de este inconveniente, concluyendo que el católico debe y puede usar los desenlaces de la filosofía griega, ya que esta, por su parte, proviene de la especulación profética hebrea. El estudio de la filosofía es, de este modo, preciso a todo buen católico. En el segundo libro insiste especialmente en la relevancia de la realidad, que sobrepasa todas y cada una de las conquistas de la razón, y proclama la fe como fundamento de toda conciencia verídica.

Para determinar la ética del buen católico, San Clemente de Alejandría empieza por realizar una amplia digresión sobre la pureza conyugal y virginal, que ocupa todo el tercer libro; a continuación, en el cuarto, charla del calvario, desaprobando tanto a los nósticos que no consideraban pecado la apostasía como a los cristianos que procuraban de forma voluntaria el suplicio. El quinto libro está destinado a lo que San Clemente llama los "símbolos", esto es, los individuos que, en las religiones populares, en el Antiguo Testamento y entre los pensadores simbolizan las verdades superiores; revela cuánto habían sacado los helenos de la filosofía hebraica y cristiana, y es esencial para la entendimiento del procedimiento alegórico que Clemente aplica a la interpretación de las Escrituras.

En el sexto y séptimo libros, liderados a los pensadores, el creador detalla las peculiaridades de la religión del verdadero gnóstico (como él llama al verdadero católico), cuyo carácter ética había precisado sirviéndose frente todo de pasajes de las Sagradas Escrituras, llegando después, en el séptimo libro, que es el mucho más claro y alcanzable de toda la obra, a desarrollar un tratado directo. Posiblemente proseguía un octavo libro, del que se preservan extractos; en cualquier caso, los Stromata no llegaron a terminarse; ello podría argumentar medianamente la enorme desigualdad que en el pensamiento y en el estilo proporciona esta obra, unas ocasiones limpia y vigilada, otras confusa y contradictoria; desigualdades, por otro lado, justificables en un escrito que, como el creador bien sabía, abre un periodo totalmente nuevo en la crónica de la literatura y de la filosofía cristianas.

Clemente había recibido una educación tradicional de la que no deseaba protestar; de otra sección, no se encontraba gobernado por aquel fanatismo que consideraba toda la literatura profana y filosófica como inspirada por el demonio; frente a la necesidad de admitir el justo valor de esta, la justifica como una manera de revelación y la interpreta como un medio de que dispone el católico para llegar al conocimiento de la realidad suprema. Inicia de esta manera el periodo de la preocupación activa por derretir la filosofía griega con la cristiana. La verídica gnosis, según San Clemente, se fundamenta por consiguiente en la fe, pero la razón y el intelecto no le son extraños y guían al leal hacia el saber del bien, fin en sí al que el auténtico gnóstico debe tender. Su acólito del "Didaskaleion", el enorme Orígenes, continuó la tarea de San Clemente, la que, aun sin verse sentenciada como la del acólito, fue juzgada sin embargo con cuidado por la ortodoxia posterior.

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