Biografía de Cayo Cornelio Tácito

La historia de las civilizaciones la escriben las mujeres y hombres quea lo largo del tiempo, gracias a su forma de actuar, sus ideales, sus hallazgos o su arte; han hecho quela humanidad, de una forma u otra,prospere.

Si has llegado hasta aquí es porque sabes de la relevancia que atesoró Cayo Cornelio Tácito en la historia. Cómo vivió y las cosas que hizo durante el tiempo que estuvo en la tierra fue decisivo no sólo para aquellas personas que trataron a Cayo Cornelio Tácito, sino que posiblemente produjo una señal mucho más honda de lo que logremosfigurar en la vida de personas que tal vez nunca conocieron ni conocerán ya nunca a Cayo Cornelio Tácito personalmente.Cayo Cornelio Tácito fue un ser humano que, por alguna causa, merece no ser olvidado, y que para bien o para mal, su nombre jamás debe borrarse de la historia.

Apreciar las luces y las sombras de las personas relevantes como Cayo Cornelio Tácito, personas que hacen girar y evolucionar al mundo, es algo básica para que podamos apreciar no sólo la existencia de Cayo Cornelio Tácito, sino la de toda aquellas gentes que fueron inspiradas por Cayo Cornelio Tácito, gentes a quienes de de una u otra forma Cayo Cornelio Tácito influenció, y indudablemente, comprender y entender cómo fue el hecho de vivir en la época y la sociedad en la que vivió Cayo Cornelio Tácito.

Vida y Biografía de Cayo Cornelio Tácito

(Roma?, h. 55-?, h. 117) Historiador romano. Los pocos datos que se conocen de su vida indican que desarrolló una brillante carrera política que lo llevó al Senado, así como a ejercer el cargo de cónsul. También es conocida su boda en el año 78 con una hija de Cneo Julio Agrícola, general romano que luchó en Britania, de quien Tácito escribió una biografía: Agrícola. Otra obra importante que hay que resaltar es Sobre el origen y el país de los germanos, más conocida como Germania, en la cual traza una viva representación de la vida y cultura de los germanos. Con todo, sus obras más famosas son los Anales, una historia de los emperadores de la dinastía Julio-Claudia a partir de Tiberio, y las Historias, sobre la dinastía Flavia. Ambas obras representan un grandioso esfuerzo por recrear un período convulso de la historia de Roma, y en ellas ofrece un retrato implacable de los grandes personajes de la época, poniendo de relieve sus flaquezas. El tono del autor refleja también una cierta nostalgia por los tiempos de la República y de la grandeza romanas.

Pese a ser probablemente el más grande historiador latino y uno de los mayores estilistas en prosa latina, apenas nada se sabe con certeza de los orígenes de Tácito; es posible que naciera en territorio italiano, o bien en la Galia Cisalpina o en la Galia Narbonensis (actual sudeste de Francia). En su juventud fue abogado y orador renombrado.

Vivió la mayor parte de su vida en Roma, donde pronto se introdujo en la sociedad imperial. Participó activamente en la vida política al tiempo que fue perfeccionando su oratoria. Después de haber desempeñado diversos cargos públicos (cuestor entre el 81-82, pretor en el 86 y cónsul en el 97) abandonó la carrera pública y la oratoria para dedicarse a la historia.

Las obras de Tácito se han conservado en forma fragmentaria y bastante incompleta. Sin embargo, aunque mutiladas, producen en quien las lee una profunda emoción suscitada por la poderosa representación que hace su autor de hombres y acontecimientos en un estilo particular, tal vez el más original de la literatura latina, que acierta a reelaborar la enseñanza de los retóricos en el uso de la metáfora y en la sutileza epigramática. En el cuidadoso desarrollo de un estilo propio, guiado por un implícito rigor analítico en el uso de las palabras que empleó para decir de modo preciso, Tácito convierte a su prosa en creación poética.

Dos obras breves pero importantes, escritas en el 98 (la Vida de Agrícola, una encomiástica biografía de su suegro Julio Agrícola, ex gobernador de Britania, y Sobre el origen y el país de los germanos), constituyeron un aprendizaje para la composición de sus grandes obras históricas. La primera monografía contiene, además del homenaje a Agrícola, víctima de los celos de Domiciano, un esbozo de la vida en la corte imperial y del mundo bárbaro de los britanos. La segunda, conocida a menudo como Germania, muestra el interés del autor por aquellos pueblos que desde hacía más de dos siglos constituían una amenaza para Roma, enfatizando la virtud simple y los vicios primitivos de las tribus germánicas en contraste con la laxitud moral de la Roma contemporánea.

Se sabe que las dos grandes obras históricas de Tácito, la Historias y los Anales, comprendían en su conjunto treinta libros, que debían formar un todo en una narración continua. De los catorce libros de Historias sólo se conservan los primeros cuatro y gran parte del quinto. Aparecida en el 109, la obra debió de ser comenzada a redactar cinco años antes. Aunque su estudio original cubriría el marco cronológico comprendido entre el 1 de enero del 69 (principio del fin del gobierno del emperador Galba) y el 16 de septiembre del 96 (asesinato del emperador Domiciano), es decir, el acceso al poder y el reinado de la dinastía de los Flavios, o Flavia, el material de que se dispone en la actualidad tan sólo llega hasta los primeros meses del 70.

De los manuscritos correspondientes a los dieciséis libros de Anales se conservan también sólo los cuatro primeros, un fragmento del quinto, parte del sexto y los libros XI a XVI. En los Anales trató la historia romana desde la ascensión al poder de Tiberio en el 14 d.C. hasta la muerte de Nerón en el 68 d.C., es decir, del periodo inmediatamente anterior a las Historias.

Tácito tiene por objeto escribir la historia de los acontecimientos con una finalidad moralista e instructiva, y lo hace con un peculiar e intransferible estilo literario repleto de agudeza dramática y concisión. Su gran poder como historiador radica en su perspicacia psicológica y en la brillantez de sus retratos de personajes. Su estilo es una combinación eficiente de expresiones concisas y pintorescas. Ensalzó los ideales de la República romana y realizó descripciones críticas muy profundas de muchos de los emperadores romanos. Su gran obra historiográfica, que quiso narrar objetivamente la historia de la Roma imperial del siglo I, se considera todavía hoy paradigmática.

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