Tony Blair

La historia del mundo la narran aquellas personas quea lo largo de los siglos, gracias a su proceder, sus ideas, sus innovaciones o su ingenio; han ocasionado queel género humano, de una forma u otra,prospere.

Ya sea inspirando a otros seres humanos o siendo una pieza esencial de la acción. Tony Blair es una de esas personas cuya vida, en efecto, merece nuestra consideración debido al grado de influencia que tuvo en la historia.Conocer la vida de Tony Blair es comprender más acerca de periodo preciso de la historia del ser humano.

Si has llegado hasta aquí es porque eres sabedor de la relevancia que detentó Tony Blair en la historia. Cómo vivió y aquello que hizo mientras permaneció en el mundo fue determinante no sólo para quienes conocieron a Tony Blair, sino que a lo mejor legó una señal mucho más honda de lo que podamosimaginar en la vida de personas que tal vez nunca conocieron ni conocerán ya jamás a Tony Blair de modo personal.Tony Blair fue uno de esos seres humanos que, por algún motivo, merece no ser olvidado, y que para bien o para mal, su nombre jamás debe borrarse de la historia.

Las biografías y las vidas de personas que, como Tony Blair, cautivan nuestra atención, deben servirnos en todo momento como punto de referencia y reflexión para ofrendar un marco y un contexto a otra sociedad y otra época de la historia que no son las nuestras. Tratar de entender la biografía de Tony Blair, el motivo por el cual Tony Blair vivió como lo hizo y actuó de la forma en que lo hizo a lo largo de su vida, es algo que nos impulsará por un lado a conocer mejor el alma del ser humano, y por el otro, la manera en que avanza, de forma implacable, la historia.

Vida y Biografía de Tony Blair

(Edimburgo, 1953) Político británico que fue líder del Partido Laborista y presidente británico entre 1997 y 2007. Anthony Blair nació en Edimburgo el 6 de mayo de 1953. Su padre, Leo Blair, era un auténtico gerente de la clase media de posguerra, votante conservador, descontento con la política de nacionalizaciones y la reforma popular de Clement Attlee. Los Blair eran de origen sencillo, pero Leo Blair llegó a ser un letrado de prestigio que alcanzó la presidencia del Tribunal Industrial del condado de Durham. Cuando Edward Heath ganó las selecciones de 1970 en oposición al socialista Harold Wilson, Tony Blair ten en cuenta que su padre sintió una enorme alegría; el acompañamiento de Leo Blair a los tories continuó hasta 1994, en el momento en que su hijo resultó escogido líder del Partido Laborista y el padre ingresó en exactamente el mismo.

La escuela principal pública y el riguroso Fettes College de Edimburgo fueron las primeras salas que pisó Tony Blair. En 1971 ingresó en el Saint John’s College, de la Universidad de Oxford, donde se preparó para ser letrado y compaginó sus estudios con la música (tocó la guitarra en el conjunto de rock The Ugly Rumours) y la edición de la gaceta Q. No era un estudiante puesto en compromiso con la actividad pública, y jamás se inscribió a una asociación con significación política, según explicó uno de sus compañeros en Oxford.

En 1975 entró a trabajar en el bufete de Derry Irvine, un popular letrado socialista. Allí conoció a Cherie Booth, su futura mujer, asimismo socialista, y entre los dos persuadieron a Blair a fin de que ingresase en el partido aquel mismo año. Eran los días de Harold Wilson y de James Callaghan; la relaciones del partido con las Trade Unions desencadenaban crisis periódicas y el joven letrado se transformó enseguida en uno de los más importantes puntos de referencia del ala renovadora y mucho más abiertamente socialdemócrata del Partido Laborista: Blair comenzó a manifestar la necesidad de sostener al partido ajeno de la estrategia sindical para tener un emprendimiento político de base popular mucho más extensa.

Tony Blair, anglicano practicante, y Cherie Booth, católica devota, se casaron en 1980 y superaron sin aspavientos los prejuicios sobre matrimonios mixtos. Sus tres hijos, Euan, Nicky y Kathryn, asistirían a la escuela de la Iglesia de Inglaterra en el vecindario de Islington, al nordeste de Londres, lo que no impediría a la pareja sostener buenas relaciones con la jerarquía de las Iglesias anglicana y católica. Las insinuaciones fabricadas desde 1994 por ciertos periódicos conservadores sobre los sentimientos religiosos de los Blair no hicieron mella en su popularidad.

La victoria de Margaret Thatcher en las selecciones de 1979 abrió un largo paréntesis en la historia del laborismo. La dirección de Michael Foot fortaleció el ala mucho más extremista, pero dejó al partido sin opciones de ganar unas selecciones; Neil Kinnock atisbó la necesidad de la renovación ideológica y organizativa, pero solo insinuó alguna reforma; John Smith, resuelto a mudar la orientación del laborismo, solamente tuvo tiempo de poner los primeros pilares del nuevo edificio. Durante este largo periodo de quince años, Blair pasó de ser un reformista con escasos apoyos a transformarse en el brazo derecho de Smith y su sustituto natural.

La primera prueba electoral de Blair fue en 1982, en medio de una guerra de las Malvinas. Antes de cumplir los treinta años osó disputar un distrito comúnmente conservador -Beaconsfield- al candidato impulsado por Margaret Thatcher: pese al acompañamiento sobre el lote de Foot, Kinnock y Smith, perdió sin paliativos mientras que Gran Bretaña vivía el éxtasis de la victoria militar en el Atlántico Sur. Al año siguiente, en unas selecciones en general que la Dama de Hierro ganó con desahogo, Blair logró al final un escaño en la Cámara de los Comunes por el distrito de Sedgefield, en el nordeste de Inglaterra.

Desde el instante de su decisión, un conjunto de componentes del Partido Laborista lo escogió como cabeza de letrero de la renovación política, pero hasta 1988 no entró a ser parte del gabinete espectro. Entre aquel año y el próximo fue consecutivamente responsable de coordinar la actividad de los miembros del congreso de los diputados del conjunto socialista y en la sombra del Tesoro, Industria, Energía y Trabajo.

Este último ascenso, decidido por Kinnock en entre los comunes desencuentros del partido con los sindicatos, fue en especial importante por el hecho de que fortaleció a los socialdemócratas. Blair tardó poquísimo en ofrecer al partido que dejase de respaldar los contratos de trabajo cerrados, reservados en única a quienes estuviesen afiliados a los sindicatos que corresponden; el descontento de las Trade Unions puso a Kinnock en un aprieto.

La victoria de John Major en las selecciones en general de 1992 llevó al líder socialista a enseñar la dimisión. Le sucedió John Smith, que nombró representante de Interior del gabinete a Blair. La revisión del programa político de los socialistas sobre nacionalizaciones, defensa y relaciones con la Unión Europea, y asimismo la de los factores del Estado del confort y de los permisos sindicales en el desempeño del partido, han comunicado la reforma determinante del laborismo, pero en el mes de mayo de 1994, solamente un par de años tras su decisión, Smith murió gracias a una crisis cardiaca, y en el mes de julio Blair se transformó en su sustituto para culminar el software esbozado por el líder desaparecido.

Desde su ascenso adelante del Partido Laborista, Tony Blair parecía predestinado a la victoria. Favorecido por el viaje a parte alguna del Partido Conservador, desgarrado por la carencia de control de John Major sobre las familias del partido, la guerra de trincheras de los euroescépticos y la melancolia de los enormes éxitos de los años ochenta, Blair contaría por triunfos las selecciones parciales municipales y legislativas. Aunque en el mes de octubre de 1994 anunció la revisión de la cláusula de la constitución del Partido Laborista que vincula a este con el software de los sindicatos, causa viable de tensiones, la base electoral socialista fue ampliándose.

Las investigaciones mucho más moderadas predecían para las selecciones que debían festejarse en el mes de mayo de 1997 una virtud socialista de quince puntos; las mucho más optimistas anunciaban una victoria sin precedentes desde los tiempos de Ramsay MacDonald. Sin embargo, no faltaban en las filas socialistas tensiones y ambigüedades que enfrentar. Las mucho más visibles estaban similares con la participación de Gran Bretaña en la Unión Monetaria Europea (UME), la oportunidad de que cualquier día desaparezca la libra a mayor gloria del euro y el miedo a que el sistema económico en torno al marco y los designios del Bundesbank ahogaran la clásico predominación de las finanzas británicas. Robin Cook, representante de Asuntos Exteriores en el gabinete en la sombra de Tony Blair y un reconocido euroescéptico que tenía el acompañamiento de una sección esencial de los líderes sindicales, moderó sus reservas sobre el Tratado de Maastricht y la Conferencia Intergubernamental esperando del resultado de las futuras selecciones en general, que al final ganó con rotundidad el Partido Laborista.

Presidente

Durante la legislatura, las especificaciones de su política fueron continuadoras de la línea que imprimió en la oposición. Esta se puede determinar en tres líneas primordiales: reforma constitucional, preocupación por los temas de educación y sanidad pública y acercamiento a Europa. En política interior los inconvenientes a los que se encaró, por orden de prioridad en su cartera, fueron, primeramente, el desarrollo de paz en el Ulster iniciado por su antecesor en el gobierno, John Major, que logró entablar los pactos de Downing Street tras duras, bien difíciles y problemáticas negociaciones.

Las pretenciones de Blair al proseguir con la mesa de negociaciones fueron terminar al enfrentamiento mucho más viejo de Gran Bretaña, alcanzando una solución determinante para mayo de 1998. Al mismo tiempo, su política procuró sostener un equilibrio efectivo, en el Reino Unido, concediendo algunas reformas para dar una mayor autonomía a las cámaras parlamentarias, cuestión que dividió las críticas a situaciones prácticamente irreconciliables. Su política popular prosiguió marcada por medidas con timidez moderadas.

Respecto a su política exterior, el grupo de sus ideas están agarradas en su libro que se titula Una novedosa Gran Bretaña. Mi visión de un país joven, en el que reflejaba la situación que debía ocupar su país en el año 2000. Se tienen la posibilidad de apuntar 2 puntos primordiales de actuación. De un lado, el clásico comprensión mantenido entre los Estados Unidos de América y Gran Bretaña se transformó en un matrimonio bien avenido por las complicidades y paralelismos que ya están entre los 2 líderes, Tony Blair y Bill Clinton. Esta unión se ha podido constatar en la novedosa crisis del Golfo, de febrero de 1998, donde Gran Bretaña, a través de resolución de Blair, apoyó la política establecida por los Estados Unidos de Bill Clinton, resuelto a seguir a un ataque a Irak que únicamente fue eludido, en el último instante, por el Secretario de la ONU, Kofi Annan. La otra línea se limita en la Unión Europea, con la que Blair deseaba fomentar una aproximación mucho más estable.

Sus índices de popularidad alcanzaron un máximo insuperable tras la desaparición en incidente de tráfico de la princesa Lady Di, ex--mujer del príncipe heredero Carlos de Inglaterra y madre de futuro rey. La princesa Diana de Gales había calado en el sentimiento de todo el país, y su reacción instantánea tras la novedad, reconociendo su pesar y la relevancia de la figura de Diana, le dio una conexión con el pueblo, en oposición al retardado y frío reaccionar de la familia real británica. Tony Blair no tuvo una labor del gobierno simple. A su favor tenía su enorme carisma personal y la amplia y extensa seguridad que inspiraba en los votantes. En contra, la contrariedad de solucionar con brevedad temas y inconvenientes que, por su extendida duración temporal, agotaban la paciencia de varios británicos.

Uno de estos espinosos temas, la pacificación del Ulster, fue entre los triunfos a anotar en el currículo de este joven político. Blair inició un desarrollo de aproximación con el Sinn Féin (brazo político del IRA) en el último mes del año de 1997, en el momento en que dejó que su líder Gerry Adams entrara en la vivienda oficial de Downing Street para charlar de una viable paz en Irlanda del Norte y sentar las bases de un futuro acuerdo.

Esto fue viable por último el diez de abril de 1998, en el momento en que representantes de las partes en enfrentamiento (Gerry Adams, líder del Sin Fein; Bertie Ahern, presidente de Irlanda; John Hume, líder del Partido Socialdemócrata y Laborista de Irlanda del Norte (SDLP); Gary McMichael, líder del Partido Democrático del Ulster (UDP); el líder unionista, David Trimble, y Tony Blair, presidente británico) firmaron, en el castillo de Stormont, un histórico acuerdo de paz que ponía fin a una guerra que encaró a católicos/independentistas y protestantes/unionistas a lo largo de treinta años, y costó la vida a mucho más de 3.000 personas.

La crisis alimenticia que reventó en el año 2000, por las situaciones de encefalopatía espongiforme bóvida ("mal de las vacas locas") y fiebre aftosa en el ganado porcino, puso entre los puntos negros a su legislatura que, no obstante, estuvo avalada por una refulgente administración económica.

El segundo orden

Citados a las urnas el 8 de junio de 2001, los británicos volvieron a sugerir su acompañamiento a Tony Blair: el líder socialista logró una aplastante victoria sobre su contrincante, el candidato conservador William Hague, que presentó su dimisión adelante del partido poco tras comprender su derrota. El presidente logró la reelección con el respaldo de la mayor parte absoluta de los votos (413 escaños en frente de 166 del partido tory), gesta que jamás antes había logrado un candidato socialista, si bien la día electoral registró el mayor índice de abstención desde 1918. Sólo el 59,2% de los votantes asistió a las urnas.

La clara victoria de Blair, que centró su campaña en la promesa de progresar los ineficaces servicios públicos británicos y trabajar por una política de acercamiento al sistema capital europeo, sirvió además de esto para sepultar los últimos vestigios de la era Thatcher y cultivar una profunda crisis en el seno del partido conservador.

Sin embargo, un par de años tras su triunfo en las urnas, el reconocimiento del presidente empezó a perder enteros. Su acompañamiento a la intervención militar estadounidense en Irak le quitó el acompañamiento de una gran parte de la ciudadanía e inclusive de varios de los integrantes mucho más populares de su Gobierno, que optaron por dejar el Gabinete. Esta situación asimismo favoreció la victoria de los conservadores en las selecciones locales de 2004, pero, más allá de todo, Blair sostuvo inmutable su defensa del pacto angloestadounidense.

El extenso descontento habitual por la implicación del Reino Unido en la guerra de Irak sostuvo en suspense el resultado de los comicios legislativos de 2005, pero Tony Blair se transformó en el primer líder socialista británico en hallar una tercera victoria sucesiva. El aguardado voto de castigo contra el Gobierno redujo la representación socialista en la Cámara de los Comunes a 355 escaños (en frente de los 166 de los conservadores de Michael Howard y 62 de los liberales de Charles Kennedy); mayoría limitada pero bastante para sostener a la familia Blair en el diez de Downing Street.

Considerablemente más severo fue el castigo de los votantes en las municipales de mayo de 2006, donde los socialistas recogieron una contundente derrota. Blair recogió el guante y puso en marcha un profundo reajuste de su Gabinete que afectaba a carteras primordiales, como Defensa, Interior o Exteriores. Margaret Beckett se transformó en la primera mujer adelante del Foreign Office. El diez de mayo de 2007, desgastado políticamente por la guerra de Irak y poco a poco más impopular en política nacional, Tony Blair anunció su retirada del poder tras trece años de líder socialista y diez de presidente británico.

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