Omar al-Murtad

La historia universal la narran aquellos hombres y mujeres quea lo largo de los siglos, gracias a su proceder, sus ideas, sus innovaciones o su ingenio; han originado queel género humano, de una forma u otra,prospere.

Conocer lo bueno y lo malo de las personas relevantes como Omar al-Murtad, personas que hacen rotar y transformarse al mundo, es algo esencial para que seamos capaces de apreciar no sólo la vida de Omar al-Murtad, sino la de toda aquellas gentes que fueron inspiradas por Omar al-Murtad, gentes a quienes de de una u otra forma Omar al-Murtad influyó, y indudablemente, entender y comprender cómo fue el hecho de vivir en la época y la sociedad en la que vivió Omar al-Murtad.

Las biografías y las vidas de personas que, como Omar al-Murtad, atraen nuestro interés, tienen que ayudarnos siempre como punto de referencia y reflexión para proponer un marco y un contexto a otra sociedad y otra época que no son las nuestras. Intentar entender la biografía de Omar al-Murtad, el motivo por qué Omar al-Murtad vivió como lo hizo y actuó del modo en que lo hizo en su vida, es algo que nos ayudará por un lado a comprender mejor el alma del ser humano, y por el otro, la forma en que avanza, de forma implacable, la historia.

Vida y Biografía de Omar al-Murtad

Califa almohade de Marruecos y Al-Andalus nacido hacia 1210 y fallecido 1266. Su nombre terminado fue Abú Hafs Omar al-Murtad ibn Ishaq ibn Yusuf ibn Abd al-Mumin. Bajo su reinado, plagado de intrigas y traiciones, se acentuó el ocaso del imperio almohade y el retroceso territorial, en pos de sus contrincantes benimerines en Marruecos y de los cristianos en Al-Andalus.

A lo largo de su juventud recibió una esmerada educación y solo ocupó cargos poco esenciales. En 1248 fue nombrado gobernador de Salé, en el momento en que el califa Abu-l-Hassan Alí inició su campaña contra Tremecén. La muerte inopinada del califa en la citada campaña abrió un interrogante sobe su sucesión, y el gobernador de la ciudad más importante convocó a los descendientes de Abd al-Mumin en la mezquita de al-Mansur, que escogieron a Omar al-Murtad.

El escogido, que estaba en Salé, recibió la novedad de manos de su hermano Abú Zayd, general de las tropas de Marruecos. La proclamación sucedió en el sendero entre Salé y Marruecos a fines de junio o principios de julio de 1248. Cuando llegó a la ciudad más importante mandó encarcelar al caíd Abú-l-Misk y a sus allegados. Después nombró visir a su hermano Abú Zayd.

Cuando llegó al poder debió realizar en frente de los benimerines, que controlaban el norte de Marruecos y fueron el primordial inconveniente a lo largo del reinado de su antecesor. En agosto de 1248 el emir benimerín Abú Yahya fue reconocido en Taza y Fez, si bien la última localidad se sublevó y volvió a la obediencia a al-Murtad un año después; no obstante el califa no envió asiste para la localidad y Abú Yahya la conquistó de forma determinante en el mes de octubre de 1250.

Después de tres años de inacción al-Murtad organizó un ejército de almohades, árabes y cristianos para romper el asedio benimerín a Salé, en el mes de octubre de 1251. Ante la imponencia del ejército coligado, el emir Abú Yahya trató de negociar la paz, pero al-Murtad, influido por sus consejeros, rechazó la oferta de paz y empezó el ataque; los benimerines volvieron a intentar negociar, pero en esta ocasión solicitaron al jeque de los Sufyan que intercediese frente al califa; este jeque, Ibn Yarmún, consideró la paz como firmada y mandó alzar el campo y regresar a la ciudad más importante, Marruecos, pero en el regreso fueron atacados y vencidos por las tropas benimerines (14 de marzo de 1252)

Tras la derrota, al-Murtad logró desterrar a su visir, Ibn Yunús y a sus familiares. Uno de estos familiares, llamado Alí ibn Yiddar, escapó al Sus y también procuró fundar allí un principado sin dependencia. El califa trató de evitarlo, pero sus tropas fueron nuevamente derrotadas. Ibn Yiddar aumentó su audacia en el momento en que logró la coalición de los árabes Sabanat y Banu Hasan, y también procuró la conquista de Tarudant un par de veces sucesivas. Lo único que ha podido realizar al-Murtad fue enviar realizar a Ibn Yunús, tras haber probado la connivencia con su familiar.

Por aquellas datas al-Murtad convocó en su palacio a los árabes Jult y estos, sin creerse responsables de nada, asistieron a Marruecos. Una vez en el palacio fueron asesinados mucho más de sesenta y enjaulados sus primordiales jeques. Era la venganza de al-Murtad por la defección de los jultíes en la campaña de Alí I contra Tremecén, en la que el califa perdió la vida.

Al poco tiempo emprendió al-Murtad una exclusiva campaña para intentar reconquista Fez, pero su ejército, sin no confrontar al enemigo, escapó en desbandada frente a una falsa alarma de ataque benimerín, dejando en el campo sus armas, tiendas y riquezas, que cayeron en poder de Abú Yahya. Omar al-Murtad regresó humillado a Marruecos y tras este episodio decidió no comenzar novedosas campañas contra los benimerines, con los que firmó la paz, y se dedicó a disfrutar de la vida cortesana y a embellecer el palacio imperial de Marruecos.

En 1257 al-Murtad envió al Sus a Abú Muhammad ibn Asnay a fin de que redujese a Ibn Yiddar, que se había hecho fuerte en Tinwanwín y ha podido vencer a las tropas califales. Por otra sección, Tánger se sometió al reyezuelo de Ceuta, frente a la incapacidad almohade de resguardar la plaza contra los benimerines. Un año después Siyilmassa fue entregada a Abú Yahya, una vez que prosperase la revuelta promovida por un ambicioso cortesano llamado al-Qitraní. Pero tras la desaparición del emir benimerín (agosto de 1258), al-Qitrani volvió a la obediencia a al-Murtad, en lugar de que se le reconociera como gobernador autónomo; el califa pareció entrar, pero envió a la localidad un destacamento católico a fin de que acabase con su historia, lo que ocurrió un par de años después, tras largas intrigas.

Las hostilidades con los benimerines se reiniciaron en el momento en que el emir de Salé y Rabat, Abú Yusuf Yaqub, atacó la Tamasna y al-Murtad envió contra él un ejército, que de nuevo fue derrotado a riberas del Umm Rabí, en el sitio popular como Umm al-riylain, por causa de la defección de los árabes Banu Yabir (1261). Tampoco ha podido el califa vencer a Ibn Yiddar, pese al esencial ejército católico que al-Murtad envió al Sus al cargo del caíd don Lope, según las crónicas, por la indolencia y cobardía del capitán católico. En otoño de 1262 Marruecos padeció el ataque del emir benimerín Abú Yusuf Yaqub. Tras un largo asedio al-Murtad adquirió la paz en lugar de un tributo de forma anual en el mes de mayo de 1263.

El alzamiento del cerco de la ciudad más importante fue una victoria pírrica para el califa, puesto que a causa de ella se produjo la situación que lo llevó a la desaparición. Abú Dabbús, que había dirigido la defensa de la región, fue acusado de connivencia con los benimerines y escapó de Marruecos en el mes de noviembre de 1264, ofertando sus servicios a Abú Yusuf Yaqub.

Cuando al-Murtad conoció la novedad empezó a suponer de todos y también logró esenciales destituciones; los descontentos se pasaron al bando de Abú Dabbús, que además de esto ganó la adhesión de Hazraya y Haskura y de los mesnaderos cristianos. Abú Dabbús entró sin adversidades en la desguarnecida Marruecos a fines de octubre de 1266. El califa escapó y fue tomado un mes después cerca de Urtusuf y decapitado en el sendero a la ciudad más importante por orden del Sayyid Abú Zayd. Fue sucedido por Abú Dabbús, que tomó el título de al-Watiq.

Omar al-Murtad llegó a ser un hombre cultísimo, con una particular inclinación por la música y la literatura, siendo él mismo creador de múltiples proyectos en prosa y verso. Sin embargo fue un gobernante inútil y sus contados éxitos en sus relaciones con los árabes traidores y los benimerines se debieron mucho más a la intriga que a la estrategia militar o a sus destrezas políticas.

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