Leona Vicario

La historia de la civilización la narran las personas queen el paso de los años, gracias a su proceder, sus ideas, sus innovaciones o su ingenio; han ocasionado queel mundo, de un modo u otro,avance.

Si has llegado hasta aquí es porque tienes consciencia de la importancia que tuvo Leona Vicario en la historia. La forma en que vivió y las cosas que hizo mientras estuvo en este mundo fue decisivo no sólo para quienes frecuentaron a Leona Vicario, sino que tal vez produjo una huella mucho más profunda de lo que podamosconcebir en la vida de personas que tal vez jamás conocieron ni conocerán ya nunca a Leona Vicario personalmente.Leona Vicario ha sido uno de esos seres humanos que, por alguna causa, merece no ser olvidado, y que para bien o para mal, su nombre nunca debe borrarse de la historia.

Conocer las luces y las sombras de las personas significativas como Leona Vicario, personas que hacen girar y evolucionar al mundo, es una cosa esencial para que seamos capaces de poner en valor no sólo la vida de Leona Vicario, sino la de todos aquellos y aquellas que fueron inspiradas por Leona Vicario, aquellas personas a quienes de de una forma u otra Leona Vicario influenció, y indudablemente, conocer y descifrar cómo fue el hecho de vivir en la época y la sociedad en la que vivió Leona Vicario.

Las biografías y las vidas de personas que, como Leona Vicario, cautivan nuestra curiosidad, tienen que valernos siempre como punto de referencia y reflexión para ofrendar un marco y un contexto a otra sociedad y otra etapa de la historia que no son las nuestras. Hacer un esfuerzo por entender la biografía de Leona Vicario, el motivo por el cual Leona Vicario vivió como lo hizo y actuó del modo en que lo hizo en su vida, es algo que nos impulsará por un lado a comprender mejor el alma del ser humano, y por el otro, la manera en que avanza, de forma inevitable, la historia.

Vida y Biografía de Leona Vicario

(Leona Vicario Fernández de San Salvador; localidad de México, 1789 - 1842) Heroína de la independencia mexicana. Esposa del escritor y político Andrés Quintana Roo, apoyó con todos y cada uno de los medios a su alcance la causa de la independencia, exponiéndose a multitud de peligros y dificultades.

Hija del mercader español Gaspar Martín Vicario, natural de Ampudia (Palencia), y de la criolla Camila Fernández de San Salvador y Montiel, recibió los nombres de María de la Soledad, Leona y Camila. Quedó huérfana y continuó desde pequeñísima bajo la custodia de su tío, el doctor en leyes y respetable letrado Agustín Pomposo Fernández de San Salvador. Gracias a la situación familiar y a los recursos heredados de sus progenitores, que han quedado bajo la cautelosa administración de Agustín Pomposo, Leona adquirió una esmerada educación; cultivó las ciencias, las preciosas artes, la pintura, el canto y la literatura.

Agustín Pomposo se había dado a saber siendo muy joven al redactar una oda llamada Sentimientos de la Nueva España por la desaparición de su virrey D. Antonio María Bucareli, y más tarde, en 1787, con unos versos titulados La América llorando por la temprana muerte de D. Bernardo de Gálvez, probó una sentida y profunda inclinación por la monarquía y sus representantes. La invasión napoleónica y los reveses de la realeza, que desataron la Guerra de la Independencia de españa, pusieron a prueba su talento poético hasta el momento en que debió confrontar con los que consideraba "desgraciados" intentos de alzamiento y rebelión por la parte del cura Miguel Hidalgo. En esa ocasión escribió una Memoria Cristiano-Política sobre lo bastante que la Nueva España debe tener miedo de su desunión (1810).

De acuerdo con sus biógrafos, Leona medró en virtud y sabiduría, pero dotada de un espíritu rebelde y libre que no aceptaba ninguna tutela que impidiera su avance, en un tiempo de apertura a todas y cada una de las noticias, tanto en lo que se refería a sus lecturas como a sus amistades y actividad popular. En el bufete de su tío y tutor tenía un trabajo de pasante en leyes Andrés Quintana Roo, recién llegado de Yucatán, de quien se enamoró y con quien cooperó, llena de entusiasmo, a favor de la queja criolla por los hechos que se sucedieron en Nueva España desde 1808. Entre otras ocupaciones, desde 1810 actuó como mensajera de los rebeldes, dio cobijo a fugitivos, envió dinero y medicinas y cooperó con los rebeldes, transmitiéndoles elementos, novedades y también información de cuantas noticias ocurrían en la corte virreinal.

Ferviente proselitista de la causa insurrecto, a fines de 1812 había convencido a unos armeros vizcaínos a fin de que se pasaran a su bando, trasladándose a Tlalpujahua (ciudad donde se encontraba instalado el campamento de Ignacio López Rayón), donde se dedicaron a crear unos fusiles "tan inmejorables como los de la Torre de Londres", según Carlos María Bustamante. Poco después, las autoridades interceptaron a uno de sus correos, el que la delató, con lo que fue observada y seguida poco a poco más de cerca.

Al final, en el tercer mes del año de 1813, la Real Junta de Seguridad y Buen Orden (construída al generarse el alzamiento de Dolores) decidió intervenir y le instruyó un muy largo desarrollo en el que fueron mostrándose las piezas y documentos que la inculparon dificultosamente, entre otros muchos los relativos a sus intentos de escapada para pasarse al campo de los rebeldes. Para escándalo de su tutor, se la internó en el Colegio de Belén de las Mochas; allí fue doblegada a interrogatorio y se presentaron las pruebas y diligencias judiciales que aparecen en las Actas reproducidas por su biógrafo Genaro García. Según este historiador, "su fácil lectura persuade del valor y nobleza inusuales de Leona, cuya actitud semeja muy mayor a la de muchos rebeldes que se encontraron en similares situaciones".

Declarada culpable, en vez de mandarla a la prisión de corte se la sostuvo presa en exactamente el mismo Colegio de Belén, hasta el momento en que el 23 de abril de ese año la liberó un conjunto de caballeros bajo el mando de Andrés Quintana Roo, quien la sostuvo esconde por unos días y forzó después su salida de la ciudad más importante, simulando ser arrieros que conducían un hatajo de burros cargados con cueros de pulque. Leona, con la cara y los brazos pintados de negro, y varias mujeres, vestidas asimismo de negro, marchaban sentadas sobre unos huacales. Los cueros y las hortalizas, aparentemente, iban cargados de tinta de imprenta, aparte de letras y moldes de madera para la confección del periódico de los rebeldes. Empeñada en continuar cooperando con la insurgencia, escapó de la ciudad más importante con destino al campamento de Tlalpujahua.

A partir de entonces su historia coincidió con la del intelectual y político yucateco, siempre y en todo momento al servicio de la insurgencia y del Congreso Insurrecto. En la localidad de Oaxaca, recién liberada por José María Morelos, se halló con el resto de sus amigos, entre ellos Carlos María Bustamante, quien escribió a Morelos contándole las aventuras de la joven. Se conocen las cartas que el líder insurrecto envió a Leona desde Chilpancingo; preocupado por su situación, decidió recompensarla con una asignación económica en nombre del Supremo Congreso, después ratificada y aprobada por nuestro Congreso, el 22 de diciembre de 1813.

Siguiendo al Congreso que, forzado por la persecución de los realistas, peregrinó de una población a otra durante 1814 y una gran parte de 1815, se sostuvo Leona acompañando a su marido, este en condición de diputado y enseguida vicepresidente y presidente en funcionalidades de la reunión habitual, mientras que se elegía generalísimo a Morelos, se proclamaba la Independencia de la América mexicana y se daba a saber en Apatzingán el artículo terminado de la Constitución de México. Leona prosiguió cooperando y trabajó en la confección de los jornales que se publicaban merced al impulso de Quintana Roo: El Ilustrador Americano y el Semanario Patriótico Americano.

Por último, tomado y fallecido José María Morelos y diluido el Congreso por las propias facciones rebeldes enfrentadas, Leona y su marido se ocultaron en la región de Michoacán, rechazando los repetidos indultos que les llegaban desde la ciudad más importante, donde su tío Agustín Pomposo proseguía con pesadumbre y resignación las peripecias de su sobrina, intentando de influir primero en el ánimo del general Félix Calleja y después en el virrey Ruiz de Apodaca.

Delatados en 1817, Leona fue capturada en una gruta, al lado de Achipixtla, en el momento en que terminaba de ofrecer a luz su primera hija, a la que pusieron por nombre Genoveva, en recuerdo de la de Brabante. En esta ocasión, la solicitud de clemencia a favor de su mujer formulada por Quintana Roo, que prometió entregarse, fue admitida por el virrey. De este modo se acogieron a su indulto y fueron recluídos en la localidad de Toluca, donde continuaron en terminado retiro hasta 1820.

En julio del actual año se festejó en Toluca el feliz hecho de la jura de la Constitución de Cádiz, con cuyo fundamento escribió Leona Vicario un poema que se titula La independencia y la tiranía. En agosto de este año retornaron a la localidad de México y, consumada la independencia y en compensación por la pérdida de sus recursos familiares, el Congreso de la República concedió a Leona Vicario, en la sesión conmemorada el 8 de agosto de 1823 y como contestación a la representación elevada por ella misma, una liquidación en metálico y una hacienda de tarea, pulque y ganado llamada Ocotepec, en los planos de Apam, aparte de tres viviendas en la localidad de México.

En 1827 el Congreso del Estado de Coahuila y Texas acordó que la villa de Saltillo se denominase de ahora en adelante Leona Vicario, constando en el expediente de concesión la contestación agradecida de "la mujer fuerte de la Independencia", como ahora era por entonces famosa. Más tarde, con una segunda hija a la que llamaron Dolores, en recuerdo de la villa donde Hidalgo proclamó la rebelión de 1810, prosiguió las contrariedades políticas, periodísticas y poéticas de su marido, a quien defendió y por quien peleó en el momento en que el presidente Anastasio Bustamante decidió su persecución y condena como represalia por las campañas de prensa que se propagaban desde El Federalista, editado merced a los elementos de Leona.

Fue muy comentado el hecho ocurrido en el mes de febrero de 1831, en el momento en que ciertos policías misterios visitaron su casa, en pos de complicidades y como maniobra de intimidación, lo que le motivó a pedir una entrevista con Bustamante y a mandar unas cartas de queja frente El Sol, el jornal oficial. A estas manifestaciones respondió El Sol pocos días después: "En prueba de imparcialidad insertamos el día de hoy una carta que nos ha dirigido la señorita (sic) doña Leona Vicario, mujer de don Andrés Quintana Roo, a la que dio cosquillas una visita llevada a cabo por 2 jefes de cuya educación y sentimientos no es creíble fuesen a la vivienda de esa señora a cometer faltas y bastante menos crímenes…"

Pocos días después El Federalista publicó una extendida relación de lo sucedido suscrita por la mujer insultada. Ello dio sitio a una extendida polémica de prensa donde intervinieron El Sol, El Registro Oficial y nuestro Secretario de Relaciones, Lucas Alamán, líder indiscutible del partido en el poder, a quien Quintana Roo acusaba de "estimar ultrajar un nombre respetable".

La carta firmada por Leona y apuntada a Alamán, fechada el 2 de abril, está llena de preciosos conceptos de alto patriotismo: "Mi objeto en estimar desmentir la impostura de que mi patriotismo tuvo por origen el cariño, no es otro que el muy justo deseo de que mi memoria no pase a mis nietos con la fea nota de haber yo sido una atronada que abandoné mi casa por continuar a un apasionado… Todo México supo que mi fuga fue de una prisión y que esta no la produjo el cariño, sino más bien el haberme apresado a un correo que mandaba yo a los viejos patriotas… Confiese usted, señor Alamán, que no solo el cariño es el móvil inteligente de las acciones de las mujeres: que ellas tienen la capacidad de todos y cada uno de los entusiasmos y que los deseos de gloria y independencia para la patria no les son unos sentimientos extraños; antes bien acostumbran a obrar en ellas con mucho más vigor. Son mucho más desinteresados y semeja que no procuran mucho más recompensa que la de que sean admitidos."

En 1833 Quintana Roo fue nombrado Secretario de Justicia de un gobierno liberal, y si bien renunció meses después por disentir de las resoluciones que tomaba el partido del general Santa Anna, desde 1835 y hasta el desenlace de su historia continuó como Magistrado de la Suprema Corte de Justicia. Pocos años después, el 21 de agosto de 1842, murió Leona Vicario en la localidad de México, cercada de su marido y de sus 2 hijas. Hasta el desenlace de su historia había seguido escribiendo y opinando, tanto en las páginas de El Federalista como en las tertulias literarias y políticas que había conocido impulsar y a las que asistió siempre y en todo momento lo mucho más granado de la sociedad liberal. Reposó en un inicio, adjuntado con los restos de Quintana Roo, en la Rotonda de los Hombres Ilustres, pero desde 1910 sus cenizas están depositadas en la cripta de la Columna de la Independencia, en el Paseo de la Reforma.

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